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The Anti-War against Drugs

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El mismo Barack Obama lo dijo, “la guerra que Estados Unidos lleva a cabo contra las drogas es un completo fracaso. No estamos haciendo un buen trabajo. Tenemos que reconsiderar y descriminalizar nuestras leyes sobre la mariguana”.

Sólo que lo dijo el 21 de enero de 2004 cuando apenas aspiraba a ser senador. Seis años después, ya como presidente, el cambio hasta ahora no se ve.

Obama, a decir de su “zar” antidrogas Gil Kerlikowske, no es partidario de la legalización de droga alguna. Aseveración que tranquilizó a muchos, disgustó a otros y dio la impresión de que esta administración seguirá con la misma política de sus siete predecesores.

Desde 1969 Washington ha gastado miles de millones de dólares en la destrucción de cultivos de droga en el extranjero, ha impuesto duras leyes antidrogas en casa, pero hasta el momento no ha tenido ningún éxito en frenar la demanda o siquiera disminuirla.

Pero lo que sí está cambiando es la actitud del público estadounidense hacia la prohibición de drogas y sobre todo hacia las leyes de castigo, en este caso de la mariguana. Según una última encuesta, el 44 por ciento de la población está a favor de la legalización, por lo que si esta tendencia continúa, en sólo tres años, para el 2013, la mitad de los ciudadanos exigirá que se trate a la mariguana de la misma manera que al tabaco y el alcohol.

Por otro lado, lo que Kerlikowske no dijo es que si bien la política del gobierno federal es un rotundo no a la legalización, la jurisdicción de esta posición es más que limitada en este país donde los estados son soberanos y eligen sus propias leyes. Y catorce de ellos ya han despenalizado esta droga.

En otras palabras, agentes federales no pueden arrestar a nadie que use mariguana con propósitos médicos en aquellos estados donde es legal hacerlo, es decir, en Alaska, California, Colorado, Hawaii, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregon, Rhode Island, Vermont y el estado de Washington. En el Distrito de Columbia, recién se firmó una ley otorgando a sus 66 mil habitantes la libertad de escoger.

Quienes están a favor de la legalización de la mariguana y entre ellos hay científicos, Premios Nobel, prominentes políticos y economistas, alegan que las severas leyes contra la droga están no sólo llevando a millones de estadunidenses a consumir más alcohol trayendo como consecuencia violencia y miles de muertes que podrían evitarse, sino que también están sobrepoblando las prisiones, ya que cada 38 segundos se arresta a alguien que la lleva consigo.

La mariguana, que fuera decretada como sustancia prohibida en 1937, es sin embargo tan fácilmente disponible que alrededor de cien millones de estadunidenses, entre ellos el mismo presidente Obama, la han probado cuando menos una vez, mientras quince millones la consumen regularmente.

Por lo mismo, el argumento usado más frecuentemente a su favor es el económico, ya que su industria en términos de ventas anuales al menudeo es tan grande como la del alcohol, por lo que se alega que si pagara impuestos, el erario contribuiría con más a salir de la recesión, de la misma manera que el levantamiento de la Ley Seca en 1933 ayudó a que Estados Unidos saliera de la Gran Depresión.

Esta idea enfurece a opositores de la legalización que se preguntan si también se valdría legalizar y fiscalizar el tráfico de humanos y la esclavitud moderna para rescatar a bancos en quiebra.

En todo caso, no hay ninguna duda de que tanto el alcohol, el tabaco y la mariguana son dañinos para la salud y la legalización de esta última tal vez sólo añadiría el permiso para otro vicio. Pero quizás también tengan razón quienes sostienen que se debe dar a los adultos la posibilidad de elegir.

Por lo pronto y a pesar de su rotundo no esta semana a la legalización, Kerlikowske, el hombre a quien Obama eligió como su principal funcionario en política de drogas, parece estar mucho más abierto que sus antecesores a cambiar la manera de combatirlas.

De entrada, dejó claro que no usaría términos belicosos y que la suya no era ninguna “guerra contra las drogas” ni contra nadie. Dijo que se trataría el problema como un asunto de salud pública y no como un judicial, dejando claro que este gobierno piensa que la solución está en la rehabilitación de los drogadictos y no en su encarcelación.

No en balde, antes de venir a Washington, Kerlikowske fue jefe de la policía en Seattle y durante su permanencia en ese puesto la posesión individual de mariguana se convirtió en el delito por combatir de menos prioridad en la ciudad. Era mucho más perseguido aquel que se pasaba el semáforo en rojo.







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