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US and Russia: Chronicle of an Ephemeral Passion

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Una interpretación aviesa del título de este análisis, podría dar lugar a asumir en términos de género los nombres de ambos países catalogando uno y otro como masculino y femenino. Sin embargo, no es ese el sentido propuesto, sino más bien, mostrar las relaciones entre estas dos gloriosas naciones en los últimos años, sin importar en donde radica más fortaleza o lo contrario.

Aun cuando Rusia posee una rica y compleja historia, su etapa moderna tan solo cuenta con unos 20 años desde que, a principios de la década de los 90, se inició su nueva biografía política de la que han sido protagonistas principales Boris Yeltsin, Vladimir Putin y Dimitri Medvédev, quienes han gobernado a Rusia en el mismo orden en el que se hace mención. Aquellos años de tensión entre los Estados Unidos y la URSS, propios de la Guerra Fría, son asuntos de la historia y, en cambio desde el 2008 a la fecha, hemos sido testigos de la variación radical de aquellas imágenes que mostraban submarinos de guerra, bases misilísticas, portaviones, etc., posesiones de ambas partes y que se exhibían como elemento de disuasión, a otras en las que el presidente estadounidense Barack Obama y su homólogo ruso Dimitri Medvédev comparten, ya sea en exterior, en una sala de la Casa Blanca o en la informalidad de la limosina presidencial, la tradicional y bien temperada hamburguesa americana, entre sodas, french fries, onion rings y sonrisas de cordial complicidad.

Al inicio de la gestión del Medvédev como presidente en Rusia, al decidir iniciar una campaña militar en Georgia, la comunidad internacional pensó que las relaciones ruso-americanas irían a complicarse aún más que en el periodo de gobierno de Putin, sin embargo, una serie de elementos hicieron que, aun habiendo reconocido la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, a contrapelo de la Unión Europea y de los propios intereses americanos, “la sangre no llegara al río” y, para suerte de ese país, al coincidir esos desafortunados sucesos con el destape de la crisis financiera mundial del 2008, el tema de Rusia y Georgia quedaría relegado a un segundo plano, lo que más adelante, por la mediación de Sarkozy, alcanzaría, al final, una especie de solución.

Sarkozy y Merkel fueron los responsables de reconciliar a Rusia con Europa a partir de ese acontecimiento y, se iniciaba entonces cierta afinidad entre el presidente Obama y Medvédev. De esa amistad creciente nació entonces el Tratado sobre Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (START), cuyas siglas en inglés denotaban además la voluntad e intención de las partes, de iniciar a partir de allí un nuevo comienzo en las relaciones ruso-norteamericanas a cuyo proceso de negociación ambos presidentes se sumaron personalmente, llegando a hablar en más de quince ocasiones, de acuerdo a testigos, y a veces por espacio de hasta dos horas.

Esta amistad dio frutos importantes para ambos países y para el clima de paz al que siempre ha aspirado la comunidad internacional. Además del acuerdo precitado, ya en octubre del 2009 Obama había retirado el proyecto de la construcción del escudo antimisiles americano que había impulsado la administración de Bush que le antecedía. Rusia, por su parte, apoyaría la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU imponiendo sanciones a Irán y se comprometía a no suministrarle a Ahmadineyah el sistema S300 de lanzamiento de misiles tierra-aire que ya le había prometido.

El pasado año Rusia se abstuvo de votar a favor de una resolución que ordenaba una invasión a Libia, lo que permitió de manera indirecta, al no vetar explícitamente la misma, que Occidente iniciara una acción militar allí de la mano de la OTAN. Las fluidas relaciones entre Washington y Moscú fueron puestas a prueba en el escándalo de los 10 espías rusos apresados en los Estados Unidos y que, sin embargo, sorprendentemente luego de unos meses fueron entregados a Rusia.

Sin embargo, toda esta historia idílica que recoge a grandes rasgos los momentos en los que la alta política entre estas dos naciones ha estado normada por iniciativas acorde a la cooperación mutua y a la amistad interestatal en las personas de sus gobernantes, es posible que se vea de nuevo amenazada por el fantasma del escudo antimisiles en Europa y por las dificultades de acuerdos; por el apoyo ruso a la monarquía siria y a Irán y sobre todo, por el retorno de Vladimir Putin a la presidencia, cuyas ideas de una Rusia como centro de poderío mundial son hartamente conocidas y por el creciente nivel de poder personal del mismo, que incluso molesta hasta a los propios rusos.







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