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A Scandal that Puts Obama in a Risk Zone

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Barack Obama criticó duramente los métodos utilizados por George W. Bush en su lucha contra el terrorismo, cuando era senador. Las revelaciones sobre cómo la National Security Agency espía llamadas telefónicas y comunicaciones confirman, sin embargo, que el actual presidente sigue utilizando los mismos métodos. ¿Cuál será el costo de esta contradicción para su presidencia?

EE.UU. tiene un doble discurso sobre este tema desde hace muchos años. El establishment de Washington siempre se pronuncia en favor del derecho a la privacidad, pero luego lo viola en nombre de la “moralidad” (lo que llaman los valores sociales) o de la Seguridad Nacional. Bill Clinton casi pierde su presidencia por un asunto de sábanas, que en muchos países europeos hubiera sido considerado solo un traspié de carácter “privado”. Y ahora Obama justifica el vergonzoso espionaje de miles de ciudadanos argumentando que es necesario para evitar nuevos atentados terroristas. Lo que sorprende más es que, de acuerdo a un sondeo presentado ayer por CNN, el 56% de los estadounidenses están de acuerdo con Obama y solo 41% está en contra. Más aún, legisladores republicanos y demócratas de peso han cerrado filas en apoyo de Obama. El senador republicano John McCain dijo que la “amenaza terrorista está empeorando” y que eso “justifica” el monitoreo. La presidenta demócrata del comité de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, enfatizó que los métodos son legales en el marco del Acta Patriota que, aprobada de forma bipartidaria después del 11 de setiembre, exige que una Corte autorice cada monitoreo. Feinstein dijo además que desde 2009 lograron frenar más de 100 complots que condujeron a una serie de arrestos. Su colega, el líder de la minoría republicana de ese importante comité, Saxter Chambliss, no se quedó atrás: “Ha sido meritorio porque hemos reunido información importante sobre los malos y solo sobre los malos”. La reacción más virulenta provino de los libertarios, como el senador Rand Paul, quien anunció que está evaluando presentar una demanda contra el espionaje de la NSA ante la Corte Suprema por la “extraordinaria invasión de la privacidad”. A Paul se ha unido un pequeño grupo de legisladores jóvenes republicanos que no estaban en el Congreso durante la era Bush y también diputados más progresistas que están desilusionados con Obama. Ahora, Obama deber decidir si pide o no la extradición de Snowden, el joven que filtró la información, que sería aplaudida por los que piensan que es un traidor pero repudiada por los que piensan que es un héroe. Con todo, los analistas coinciden en que desde el punto de vista político, lo que más le conviene es participar en el debate que el escándalo ha provocado.







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