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A Milestone in the Era of Climate

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La firme decisión de los presidentes de los Estados Unidos y de China de liderar en los esfuerzos globales para atenuar el calentamiento global ocasionado por el cambio climático, es uno de los pasos determinantes del éxito que pretende el Acuerdo de París, al involucrar a las naciones más contaminantes del planeta.

Barack Obama y Xi Jinping pusieron en marcha el sábado último una 'nueva era'' en la preocupante e impostergable lucha ambiental que compromete a todos los gobiernos de la Tierra. Estrecharse las manos de los referentes de las principales economías del mundo debe celebrarse con optimismo, aunque se trate de un punto de partida para encarar tal vez el desafío más trascendente de la humanidad ya que implica su propia supervivencia.

Xi Jinping y Obama han apelado a la fuerza de la diplomacia, porque ratificaron el acuerdo climático de París en la ciudad china de Hangzhou un día antes del comienzo de la cumbre de líderes del G20, la plataforma ideal para que el resto de países desarrollados y emergentes que conforman este grupo decisorio muestre un compromiso similar. Debe recordarse que para materializar el acuerdo se necesita un mínimo de 55 países que sumen en total el 55% de las emisiones contaminantes globales.

Por ello la importancia de esta ratificación. Basta recordar que China y EEUU suman alrededor del 38% de las emisiones globales nocivas, lo que acerca el objetivo de convertirla en vinculante en el G20, donde se encuentra al presidente Mauricio Macri, firme defensor del medio ambiente con las políticas de energías renovables. Coincidentemente, Argentina lanza hoy la licitación del programa de generación limpia por 1.000 MW con grandes expectativas por la cantidad de inversores interesados.

En este contexto la mejor reflexión premonitoria ha sido del papa Francisco. El jueves pasado, en la Jornada de Oración por la Creación, expresó que ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas privadas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se concrete y es más, que se mire hacia objetivos ecológicos cada vez más ambiciosos.

Bergoglio ha denunciado que la deuda ecológica entre el Norte y el Sur del mundo, deben solventarla los países ricos proporcionando a los pobres recursos financieros y asistencia técnica para gestionar los cambios que exige el hábitat sostenible.







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