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The Polish First Lady’s Lack of Respect for Donald Trump

It may be miniscule and even accidental, but it feels so good to watch.

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El desplante de la primera dama polaca a Donald Trump

LOLA SAMPEDRO

A MENUDO, los pequeños gestos suponen una gran satisfacción. Ni siquiera hace falta que sean conscientes, a veces son meros accidentes que adquieren significado sólo en quién los contempla. Pero da igual, se disfrutan igual. El desplante de la primera dama polaca a Trump es ese corte de mangas, esa gran peineta, a todos esos machistas impertinentes con los que las mujeres nos topamos a diario.

El presidente de Estados Unidos está en Polonia de visita oficial junto a su esposa. Llega el momento del saludo oficial, los famosos y estudiados apretones de manos que tanto han dado que hablar. El primero en darlo es el presidente Andzej Duda y luego, cuando llega el turno de su mujer, Agata Kornhauser, ésta decide, con gesto despistado, pasar de Trump y dejarle con la mano colgando. Se lo salta para saludar primero a Melania. Por la cara que se le queda, el desconcertado millonario nortamericano parece estar pensando: «¿Cómo se le ocurre a esta nasty girl polaca humillar a un machote como yo?».

Algunos apuestan a que Kornhauser lo hizo sin querer, por pura desubicación, pero qué más da. Con su desplante, la primera dama polaca ajusticia a su homóloga Melania, ese pan dios que debe ser para soportarlo a diario. Y luego, a todas las mujeres acostumbradas a estar siempre en un segundo plano, sólo por el hecho de serlo. Nos saludan después que a ellos, nos presentan como sus mujeres, sus novias o sus subordinadas. Da igual tu posición social o laboral, tus logros o tus fracasos. La sociedad siempre toma más en serio a un hombre, incluso sin merecerlo. A las mujeres se nos cuestiona ya de entrada, pero un hombre tiene que fastidiarla muchas veces antes de ser puesto en entredicho. Lo de Agata es una pequeña revancha de género, minúscula quizá, incluso fortuita, pero qué bien sienta cuando una la ve.

Lo peor, insisto, es que estamos tan acostumbradas que ni nos damos cuenta. Pero cuando consigues activar ese radar, el que detecta las impertinencias de los machirulos, sabes que no volverá a apagarse jamás. Ves las actitudes, los gestos, la imbecilidad machista. Ahí están, ahora los ves. Sabes que no puedes sacar las garras siempre que se enciende ese pilotito rojo, no es plan ir por la vida en guerra continua. Por agotamiento, por supervivencia mental, muchas veces lo dejas pasar. Pero ahí fuera la calle está llena de trumps. Y de vez en cuando, te pegas un homenaje como ese desplante de Agata, nuestra nasty girl accidental.







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