Are We Heading toward the End of NAFTA?

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Es un hecho: hay un profundo cambio en la relación de México con EU en todos los órdenes desde la llegada a la Presidencia de Trump. Este cambio es decisión del Ejecutivo estadounidense, sin apoyo mayoritario, lo que no impide que lo lleve adelante con el apoyo de sus seguidores. El retroceso en todos los órdenes es significativo. Desde la entrada en vigor del TLC, hace ya 24 años, la relación entre México y EU dio un giro importante en materia comercial y económica. Con Canadá los tres países firmantes se unieron en el propósito de que las economías nacionales fortalecieran la economía regional, lo que llevó a una cierta interdependencia.

El Tratado permitió acordar y establecer reglas respetadas por los tres países. Gobiernos republicanos y demócratas, en EU, del PRI y del PAN en México, liberales y conservadoras en Canadá, construyeron, sostuvieron y respetaron el Tratado y con él las reglas existentes que fueron incluso alicientes para la colaboración entre México y EU en otros temas como la frontera, cuando EU extendió su perímetro de seguridad hasta Centroamérica, después del 11-S. La colaboración en distintos rubros se mantuvo durante más de dos décadas, incluso EU, con el presidente Clinton, salió al rescate de México en la crisis económica de 1994-95. Puede afirmarse que la relación mejoró y que la vecindad se fortaleció. Pero lo que parecía una realidad regional inamovible ahora se tambalea. Trump tomó decisiones adversas al TLC, con una lógica de tendero de abarrotes, incapaz de mirar el gran panorama del conjunto del comercio, la economía y la relación trilateral.

La llegada de Trumpo abrió una campaña antimexicana con varios frentes. El TLC fue uno de los principales. Decidido a acabar con los acuerdos multilaterales, Trump forzó la negociación integral del tratado trilateral con el objetivo de ponerle fin, incluso lo hizo explícito, al decir que TLC es el peor tratado que haya firmado Estados Unidos. Las rondas de negociaciones, hasta ahora, no abren salidas claras, mientras se recrudecen las demandas inaceptables para México y Canadá.

De manera que hoy definir una política en las negociaciones por parte de México pasa por hacer una revisión integral de las políticas que Trump ha planteado en la relación bilateral mexicano-estadounidense. Pasa por entender que no hay buena voluntad de las partes para abordar una negociación en la que todos ganen y que esto es parte de una política integral. ¿Cómo negociar con quien nos ve como enemigos y como responsables de los grandes males sociales y económicos de EU? La primera premisa de cualquier negociación es el reconocimiento de las partes como iguales, la disposición a escuchar, acordar, construir puentes entre posiciones distintas.… Nada de esto está presente entre los negociadores que representan a Trump. México tiene excelentes negociadores, lo ha demostrado. Pero saben que hay cuestiones que son inaceptables y esas no se negocian, ni ayer ni hoy ni mañana. Hay puentes destruidos y caminos cerrados.

Seguramente quienes encabezan la negociación ya han construido escenarios diversos, incluso el más extremo del fin del TLC, en el que a EU le irá mal y perderá muchos empleos y a México le irá peor en el corto y mediano plazos. Pero si lo que pretende Trump es poner fin al TLC o convertirlo en acuerdos bilaterales por un lado con México y por el otro con Canadá, para poder imponer la fuerza del país con una economía más fuerte, eso es inaceptable. Cuenta y pesa la posición de las Cámaras industriales y de comercio en los tres países, pero destacadamente en EU que se pronuncian por mantener el TLC.

La política de Trump hacia México afecta integralmente la relación bilateral con su vecino del sur, que es también la frontera de EU con toda América Latina. Es evidente que EU pretende hacer el mayor daño posible a México. Ha desarrollado una política antimexicana, sólo comparable con la del presidente James Polk que declaró la guerra a México en 1846.

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