Donald Trump Has the FBI in His Sights

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El enfrentamiento entre Donald Trump y el FBI —el cuerpo de policía federal que investiga la posible influencia rusa en la elección del magnate como presidente de EE UU— parece estar resolviéndose a favor del primero. De confirmarse, este resultado reforzará la imagen que ofreció Trump el pasado martes durante su primer discurso del Estado de la Unión. Allí, el actual inquilino de la Casa Blanca mostró contar con el completo respaldo de un Partido Republicano que parece haberse entregado definitivamente en brazos del discurso populista.

El director del FBI, Christopher Wray, ha sido sometido a la presión directa de Trump al conocerse que la institución que dirige pretendía hacer público un informe del Partido Republicano en el que se condena la actitud del presidente durante la investigación sobre la posible injerencia rusa. Wray es el segundo director que tiene el FBI durante el corto mandato de Trump. El primero, James Comey, fue despedido por el mandatario a poco más de un mes de su llegada a la Casa Blanca, cuando estaba investigando la conexión rusa en la carrera presidencial.

Se verifica así que la sorprendente —y a veces pública— falta de confianza de Trump en sus servicios de inteligencia no era un error de neófito en la alta política estadounidense sino una estrategia de pura supervivencia personal. Un año después el FBI sigue en su punto de mira y sus responsables obligados a elegir entre la lealtad al país y la lealtad personal a Trump. Una duda que el presidente ha demostrado sin miramientos que no tolera.

Trump está creando una fisura que será muy difícil de cerrar tanto en la sociedad como en la clase política de EE UU. El entusiasmo con el que la mitad del Congreso recibió sus palabras sobre éxitos económicos y nacionalismo exacerbado contrasta con el tenso silencio de la otra mitad. Su dialéctica amigo-enemigo no conoce límites. Y ahora en la mira está el FBI.

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