La Nacion, Chile
The Intolerable Wolfowitz
"He contaminated the World Bank with his
favoritism and the imposition of politics that were used to eliminate his adversaries.
It's intolerable that he didn't resign sooner."
By Raúl Sohr
Translated By Halszka
Czarnocka
May 18,
2007
Chile
- La Nacion - Original Article (Spanish)
A tacit agreement exists between Europeans and Americans:
The former own the presidency of the International
Monetary Fund, the latter - of the World Bank. So there's nothing strange in
the fact that White House has a virtual lock on naming the person who directs
the destiny of the World Bank. In recent times, its policy has been to encourage
privatization and economic liberalization.
As for Paul Wolfowitz, who will remain the Bank's President
until June 30, 2007 (the date his resignation becomes effective), Washington is
quite right to point out that his appointment created apprehension in some and
open rejection in others. After all, a neo-conservative from the Pentagon which
was Donald Rumsfeld's deputy secretary and is
responsible for the invasion of Iraq, doesn't exactly fit the image of a humanitarian
concerned with the development of world’s most backward countries, which is what
one might expect for the post.
If his ideology was questionable, his reputation left even
more to be desired. In the corridors of power in Washington, Wolfowitz
was known for his ambition and constant struggles with those he considered his
adversaries. Smear campaigns were an important part of his arsenal. One of his
victims was Secretary of State Colin Powell.
Having arrived at the World Bank, he began to pontificate
against the corruption, nepotism and favoritism practiced in poor nations. So
what did he do? Did he establish open competition for positions in the Bank or
promote officials already in the Bank? No. Instead he named acquaintances and mostly
American confidants with beliefs compatible with his own. With a quarter of million
dollar salary, he brought with him Kevin Kellems - who
knew little about development. What Kellem handled
was communications: He was Communications Director and Spokesman for
Vice-President Dick Cheney. In that capacity, he sold the spurious theory that Osama bin Laden and Sadam Hussein
were partners in the fight against the United
States.
Another person that Wolfowitz brought
with him was Juan Daboub, whose resumé
includes active participation in various right-wing governments of
El Salvador. And this one
was also in charge of erasing all references to family planning programs and contraception.
Such abuses and nepotism reached a
climax with Shaha Ali Riza, Wolfowitz’ girlfriend. Their
relationship was disclosed at the time of his nomination as President of the
Bank. She had been working at this institution since the beginning of the 1990s.
Bank rules of the Bank didn’t allow for Wolfowitz, as Riza’s boss, to fix her salary. So as an answer to this, he
had her transferred to the U.S. State Department's Middle East Section under
the direction of Elizabeth Cheney, the Vice President’s daughter. In that
position he made certain that Riza received a salary higher than her boss, Condoleezza
Rice. After she returned to the Bank, the Bank's employee association revealed
that Riza’s salary increases were more than twice
those allowed under the rules. [Riza has issued a statement to the Bank's Board of
directors about this episode
].
Wolfowitz is one of the principal actors responsible for triggering
the most disastrous war in recent times. It is a conflict that has cost the
lives of hundreds of thousands of Iraqis and thousands of Americans, along with
ruining one of the most prosperous countries in the
Middle East.
As if that wasn't enough, he
contaminated the World Bank with his favoritism and the imposition of politics that
were used to eliminate his adversaries. It's intolerable that he didn't resign sooner.
But even more disturbing is the support that President George W. Bush offered
him to the very last minute, even when confronted with a European request that
he name a substitute. The exercise of power has proven much stronger than the projection
of principles of good government.
Spanish Version Below
El impresentable Wolfowitz
By Raúl Sohr
EXISTE UN ACUERDO TÁCITO entre europeos y estadounidenses. Los primeros
tienen la presidencia del Fondo Monetario Internacional y los segundos, la del Banco
Mundial. De modo que no tiene nada de extraño que sea la Casa Blanca la que virtualmente nomina a quien dirigirá los destinos del BM. En tiempos recientes su orientación ha sido alentar las
privatizaciones y la liberalización
económica.
En lo que toca a Paul Wolfowitz, su presidente hasta
el 30 de junio (fecha en que se hará efectiva
su renuncia), Washington tiene razón cuando
señala que su nombramiento despertó aprensiones en algunos y un rechazo abierto en otros. A fin de cuentas, un neoconservador proveniente del Pentágono, donde se desempeñó como subsecretario bajo Donald Rumsfeld, y fue responsable de la invasión a Irak, no calza con la imagen del humanista preocupado del desarrollo de los países más postergados que se esperaría para el cargo.
Si su ideario era debatible, su reputación
dejaba mucho que desear. En los corredores del poder
en Washington era conocido
por su ambición
y constantes pugnas con quienes consideraba adversarios. Las campañas
de desprestigio eran parte importante de su arsenal. Una de las víctimas de ellas fue
el secretario de Estado,
Colin Powell.
Llegado al Banco
Mundial, comenzó a pontificar
contra la corrupción, el nepotismo
y el favoritismo practicado
en los países pobres. ¿Y qué hizo? ¿Llamó a concursos abiertos o promovió a los funcionarios del Banco? Nombró a sus conocidos, a personas de confianza, en su mayoría estadounidenses con pensamiento afín al suyo. Por un
cuarto millón de dólares incorporó a Kevin Kellems, que de desarrollo poco sabía. Lo que Kellems
manejaba eran equipos comunicacionales: se habría desempeñado como director de la oficina del vicepresidente Dick Cheney y en esa
calidad vendió la espuria teoría de que Osama bin Laden y Sadam Hussein eran socios en la lucha contra Estados Unidos.
Otra
de sus incorporaciones fue Juan Daboub, cuya trayectoria considera un trabajo
activo en varios gobiernos derechistas de El Salvador: a éste
se le encargó erradicar toda referencia a los programas de planificación
familiar y de contracepción.
La arbitrariedad y el nepotismo llegaron al punto máximo con la novia de Wolfowitz,
Shaha Ali Riza. La relación entre
ambos se hizo pública al mismo tiempo que
su nombramiento a la presidencia del banco. Ella trabajaba en esta
institución desde principios de los ’90.
Los estatutos del organismo
financiero no permitían que él, como su jefe, le fijara el salario. Entonces, como respuesta,
envió a Riza a la sección
de Medio Oriente en el Departamento de Estado, bajo las órdenes
de Elizabeth Cheney, hija del vicepresidente.
Con esa ubicación le garantizó un salario
superior al de la propia cabeza
del departamento,
Condoleezza Rice. De regreso en el banco, la asociación de empleados de la institución denunció que los aumentos salariales recibidos por Riza eran más del doble
de lo que autorizan sus estatutos.
Wolfowitz
es uno de los responsables principales de haber desencadenado
una de las guerras más desastrosas
en tiempos recientes. Un conflicto que
ha costado la vida de cientos de miles de iraquíes y millares de norteamericanos junto con la ruina de uno de los países más prósperos de Medio Oriente. Como si esto no fuese
suficiente, contaminó al BM
con sus prácticas de favoritismo e imposición de políticas por la vía de eliminar a sus adversarios. Es impresentable
que no haya renunciado antes.
Pero es más desconcertante
el apoyo que le brindó hasta el último minuto el Presidente George W. Bush, incluso
frente a la petición europea de que nombre a un reemplazante.
El ejercicio del poder
ha resultado más fuerte que la proyección
de principios de buen Gobierno.