California Opens the Debate

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La revisión de las estrategias globales en la lucha antidrogas es una tarea que no da espera.

El referendo sobre legalización de la marihuana, que los habitantes de California votarán el próximo martes, ha abierto una discusión sobre la estrategia global de lucha antidrogas. El debate, liderado por el propio presidente de la República, Juan Manuel Santos, tuvo como escenario la cumbre de Tuxtla, en Cartagena, con la presencia de mandatarios y cancilleres de México, República Dominicana y Centroamérica, golpeados todos por los embates del tráfico de estupefacientes.

La reflexión del Jefe del Estado colombiano es simple y brutalmente cierta: “Es confuso ver que, mientras perdemos vidas e invertimos recursos en la lucha contra el narcotráfico, en países consumidores se promueven iniciativas para legalizar la producción, venta y consumo”. De aprobarse -la proposición 19 permitiría a los californianos sembrar hasta 2,3 metros cuadrados de cannabis en su patio-, ¿con qué cara Washington le pedirá a Bogotá que fumigue y persiga a campesinos del Putumayo o la Sierra Nevada de Santa Marta por los cultivos ilícitos? Mejor aún, ¿cómo podría justificarlo Colombia, que pone una alta cuota de muertos?

La necesidad de buscar abordajes alternativos en la larga e infructuosa guerra contra las drogas no es un tema nuevo. De hecho, en 13 de los 50 estados de Estados Unidos es legal el uso de la yerba para usos medicinales, así como la posesión de dosis personales en Bélgica, Argentina, Uruguay, Holanda, Portugal, México y Perú, entre otros países. Otro esfuerzo para modificar las estrategias vigentes viene de los ex presidentes César Gaviria, de Colombia; Fernando Cardoso, de Brasil, y Ernesto Zedillo, de México, quienes propugnan un drástico cambio de paradigma.

Para los líderes latinoamericanos, es el momento de reconocer que la lucha antinarcóticos es un “fracaso” y que es perentorio virar el timón, sin olvidar el desmonte del crimen organizado.

A esta línea de pensamiento se adscribe el presidente Santos en Cartagena cuando se pregunta: “¿No es hora de revisar la estrategia global contra las drogas?”. Este es un cuestionamiento que debería resonar en otros escenarios mundiales y lo mínimo que se espera de los países ricos y responsables de la demanda es asumir de buena gana la invitación del mandatario colombiano.

El referendo californiano, rechazado por el gobierno federal, es un contundente ejemplo de la falta de corresponsabilidad entre sociedades consumidoras y países productores. Si un estado de EE. UU. -el mercado más grande de drogas del mundo- legaliza la marihuana y cobra impuestos por su venta, el plan para combatir las drogas debe transformarse de manera radical. Despenalizar el cultivo y la venta de narcóticos no hará desaparecer como por arte de magia las estructuras criminales que hoy se lucran de este negocio ilícito. Al margen de la adopción local de leyes más tolerantes con algunas sustancias, el narcotráfico es hoy un complejo entramado de crimen transnacional que amenaza la gobernabilidad de varios países.

Sin importar qué pase en California la próxima semana, la Presidencia de Colombia, con la mexicana y otros países centroamericanos, ha puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de discutir reformas de la actual lucha contra las drogas, que privilegia la prohibición y criminalización sobre otras opciones.

Sin abandonar la guerra, estas naciones abren la puerta a que otros caminos sean evaluados globalmente. Al respecto, no hay mayor autoridad moral que la que tiene el líder del país que más ha sufrido el flagelo del narcotráfico y sus consecuencias económicas, sociales e institucionales.

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