Race for the White House

 

 

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El campanillazo para la gran carrera hacia la Casa Blanca ha comenzado tempraneramente con el lanzamiento de las precandidaturas por los dos partidos tradicionales de Estados Unidos. Por el lado republicano lo han hecho los senadores Ted Cruz y Marcos Rubio, ambos de origen latino, aunque de esto solamente tengan el nombre, pues Cruz nació en la ciudad de Alberta, Canadá y Rubio en la unión americana, eso sí hijos de cubanos, pero a pesar de sus raíces se han declarado antiinmigrantes, pertenecientes a la línea dura o “Tea Party”, ala ultraconservadora del Partido Republicano que adversa los planes de salud del presidente Obama conocido como el “Obamacare” y sus acciones ejecutivas sobre reforma migratoria, la que consideran inconstitucional. Se espera que pronto se les una Jeb Bush, de la dinastía de los expresidentes Bush, padre y hermano, quien todavía no decide hacer el anuncio oficial.

Por el lado demócrata ya lo ha hecho la señora Hillary Clinton conocida en Honduras particularmente en San Pedro Sula al haber visitado esta ciudad como Secretaria de Estado. Su lanzamiento lo hizo no en un acto de masas como sería lo tradicional, sino en forma sui géneris, por medio de las redes sociales. Contrario a los candidatos conservadores ella ha manifestado su intención de apoyar el tema migratorio, y de tener otras visiones en temas importantes como la economía, la inequidad, principalmente lo relacionado con el estancamiento de los ingresos individuales, las ganancias exorbitantes de unos pocos y la regulación financiera que incrementaría los impuestos a los ricos, expresando ser partidaria del matrimonio entre personas del mismo género, tras oponerse anteriormente a ello cuando fue primera dama, senadora y secretaria de Estado.

Entre los dos candidatos “latinos” creemos que Cruz no tiene ninguna posibilidad de contender con la candidata demócrata, por el contrario la figura de Rubio suscita cierto grado de expectación y es considerada en el ambiente político como un potencial contendiente de la Clinton por su carisma y su experiencia política dentro del senado norteamericano, gozando de una gran capacidad para la recaudación de fondos, tanto a nivel individual como empresarial, lo que es clave para este tipo de elecciones que ahora son multimillonarias.

En nuestra opinión, el tener un apellido hispano no es suficiente para ganarse el voto latino, ni tener un apellido que semeje la perpetuación del poder o la influencia de los expresidentes como el caso de la señora Clinton o el de Jeb Bush, para atraer el voto del estadounidense común que busca un cambio en la vida política de la nación.

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