Trump and His ‘Trade Wall’

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Dice el proverbio que “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila” y la semana pasada exclamando por “un comercio justo” en un tuit, el presidente Donald Trump “justificaba” la entrada en vigor de políticas arancelarias proteccionistas para darle “gusto” a sus electores.

¿Realmente puede construir un “muro” en materia comercial con nuestro país?

Según cifras del propio Departamento de Comercio de EU, en 2017, el comercio general entre EU y México aumentó 6.3%, lo que significa un intercambio comercial por 557 mil millones de dólares. No obstante, desde su campaña, el Presidente estadunidense criticaba el saldo favorable a la economía mexicana que ahora asciende aproximadamente a los 71 mil millones de dólares culpando a nuestro país del déficit comercial del suyo.

¿Puede verse el comercio como un juego en donde sólo unos ganan y otros siempre pierden? Rotundamente, no.

El presidente James A. Garfield, ya en el siglo XIX, señalaba que “el comercio une al mundo en una común hermandad de dependencia mutua y de intereses recíprocos” y, por lo tanto, la balanza comercial, y especialmente en un mundo cada vez más globalizado, no puede entenderse sin los riesgos de medidas “patrióticas” para el mercado interno.

El presidente Trump está cumpliendo al pie de la letra con el nacionalismo económico que prometió: protección al consumo interno, empleo y capacitación a los trabajadores locales y medidas tendientes a la eliminación de la dependencia con otras regiones. Sin embargo, el costo que pagará, en el mediano y largo plazo, en innovación y competitividad frente a otros mercados no será nada menor.

Aunque desde 1933 –como reacción a la Gran Depresión- con el presidente Hoover ya se mencionaba la premisa

de Buy American, en la actualidad, las medidas de Buy American, Hire American (Compra americano, contrata americano) y America First (América Primero, retomada del también presidente Woodrow Wilson) hablan de un fuerte retroceso para nuestros vecinos quienes pretenden aislarse del resto del mundo en materia comercial, energética y seguridad entre otras muchas áreas.

Séneca decía que “el temor a la guerra es peor que la guerra misma” y que México crea que su único mercado puede y debe ser el estadunidense y que nuestro crecimiento depende absolutamente de sus determinaciones es erróneo ya que, por un lado, gran parte de sus cadenas productivas y las necesidades de sus consumidores son cubiertas por nosotros y, por otro, las exportaciones de nuestro país cada vez son más diversificadas.

El empresario y escritor E. Joseph Cossman define a los obstáculos como “esas cosas que las personas ven cuando dejan de mirar sus metas” y si los mexicanos deseamos seguir potencializando nuestras fortalezas comerciales debemos evitar las especulaciones políticas, comerciales y monetarias que nos debilitan como nación.

La siguiente amenaza comercial de la actual administración estadunidense se cierne sobre el sector automotriz ya que el presidente Trump “no descansará hasta que no haya modelos Mercedes en la Quinta Avenida en Nueva York” lo que, indudablemente, afectará al sector manufacturero mexicano pero, además, a los consumidores estadunidenses y, por supuesto, los deseos reeleccionistas del actual mandatario.

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