The Real Wall

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El verdadero muro

No se requiere una barrera física, sino generar incentivos para que disminuya la migración

Suele decirse que la Gran Muralla, también conocida como Muralla China, es la única obra hecha por el hombre que puede verse desde el espacio. En el año 221 A.C, antes de la unificación de los miembros de la Dinastía Qin, este pueblo determinó que la mejor manera de enfrentar a los invasores era a través de construir una barrera física que les impidiera el paso; su utilidad siempre ha sido cuestionable.

Donald Trump, afecto a los símbolos como la moda de los nuevos líderes que bordean la frontera entre el totalitarismo y la democracia (no se sabe si son un bache en la historia de la humanidad o será la tendencia de las siguientes décadas), ha planteado no sólo como un programa de campaña, sino como la música de fondo de su administración, la construcción de un gran muro que impida el ingreso de migrantes ilegales a Estados Unidos.

Si la Gran Muralla no funcionó perfectamente, tampoco lo haría un muro físico, ya que gran parte de la migración no entra a pie por la frontera más grande del mundo, eso sólo lo hacen los más pobres de los pobres. Es mucho más común que entren personas, incluso, con visas de turista o por vías que hacen inútil un muro.

Más allá del simbolismo, lo verdaderamente relevante para el gobierno de Trump es retomar el control sobre sus fronteras, sobre la migración a su territorio. No se requiere una barrera física, sino generar incentivos para que disminuya la migración.

Por ejemplo, la buena condición de la economía mexicana ha logrado que el saldo de migración hacia Estados Unidos sea negativo desde 2009. El gobierno de Estados Unidos sabe que esa condición puede modificarse súbitamente ante un cambio de la economía doméstica y ampliar, por mucho, los problemas que hoy se enfrentan con los centroamericanos.

Así, el gobierno de Trump no se equivoca cuando dice que México pagará por el muro y que su obligación es impedir la migración hacia Estados Unidos, no sólo de nacionales, sino del resto de los habitantes de la región.

No es casual que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador haya incrementado al doble el salario mínimo en la frontera norte y que además plantee una serie de incentivos fiscales para esa misma región. No se busca, como podría parecer a una primera instancia, una medida para mantener la competitividad o evitar la migración de mexicanos, es una barrera económica para hacer atractivo a los centroamericanos no ingresar a Estados Unidos.

El convenio anunciado en el marco del Día Internacional del Migrante se trata del primer acuerdo de inversión y cooperación en Centroamérica, donde Estados Unidos destinará cinco mil 800 millones de dólares y México también hará una fuerte inversión. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, aseguró que serán 500 o 600 millones de dólares por año y por país. ¿La finalidad? Incentivar el desarrollo y el crecimiento económico en las golpeadas naciones que conforman el Triángulo Norte de la región (Honduras, Guatemala y El Salvador).

En estas condiciones, los programas de apoyo hacia Centroamérica son, sin lugar a dudas, la implementación de un muro diferente. Hoy no se ponen barreras físicas, sino que se levantan muros económicos.

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