Relations with the United States

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Hoy, 4 de julio, fecha en la que Estados Unidos conmemora el 243 aniversario de la declaración de su independencia, es una ocasión oportuna para recordar que ya son casi 11 los años que han transcurrido desde que en septiembre de 2008 el Gobierno boliviano decidiera romper relaciones diplomáticas.

Desde entonces, las relaciones entre ambos países han quedado reducidas al nivel de encargado de negocios, en representación de Estados Unidos, y consular de parte de Bolivia.

Eso no ha impedido, sin embargo, que las relaciones comerciales mantengan su fluidez. Y aunque ha habido rubros, como el textil, en los que la pérdida del mercado estadounidense tuvo efectos devastadores, una mirada del conjunto indica que EEUU sigue siendo uno de los principales socios comerciales de nuestro país. Y no solo porque se mantuvieron en un nivel muy alto las importaciones y exportaciones, sino que no dejaron de crecer a un ritmo tal que casi se triplicaron durante la última década.

Algo similar puede decirse de otros aspectos que definen la calidad de las relaciones entre los países. Es el caso de los intercambios académicos y los flujos turísticos que no se han deteriorado e incluso han conservado su tendencia hacia una constante mejora.

Todo lo anterior indica que lo único que falta para que las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos vuelvan a la plena normalidad es una cuestión formal, como es la reposición de embajadores. Un detalle formal que más que efectos prácticos tiene una fuerte carga simbólica. Algo importante para el gobierno de Evo Morales, que ha hecho del “antiimperialismo” uno de los principales elementos de su artillería discursiva.

En lo que a Estados Unidos se refiere, tampoco parece haber mayor interés en restablecer las formalidades diplomáticas. Mucho menos ahora cuando el gobierno de Donald Trump ni se molesta en disimular su desdén hacia Latinoamérica.

En tales circunstancias, es poco probable que la situación actual se modifique en el futuro próximo. Lo que, como se ha visto, en lo sustancial y en lo práctico no afecta las buenas relaciones bilaterales, pues el distanciamiento se limita a la retórica estéril. Lo que no es un detalle desdeñable pues con esa actitud Bolivia queda sola, con la única e indeseable compañía de Venezuela, aferrada a un discurso antiimperialista que ha perdido gran parte de su credibilidad y que a estas alturas de la historia solo sirve para poner en duda la seriedad de quienes lo enarbolan.

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