We Need Obama

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Deberían ganar los demócratas en EE.UU. para que bajara el antiamericanismo de la izquierda española. Sólo por eso merecería la pena la victoria de Obama. Sería un alivio. Al menos durante una época dejaríamos de oír estupideces sobre el Imperio, sobre Israel como punta de lanza del capitalismo mundial en el costado de la civilización musulmana o sobre las insoportables campañas antidarwinianas, antimarxistas y antifreudianas que mantienen los seguidores de Paulen… Los progres españoles no se limitan a estar en desacuerdo con la política de los republicanos, sino a considerar que EE.UU. es una aberración y una amenaza.

Es verdad que en política internacional han funcionado siempre las simpatías y las antipatías. Ausentes en la Primera Guerra Mundial, los españoles pudieron permitirse el lujo de ser aliadófilos o germanófilos. La División Azul fue un hecho simbólico mientras durante la guerra civil nos había llegado de tapadilla la ayuda real de Gran Bretaña (Areilza dixit). A EE.UU. se le tuvo una fuerte animadversión siempre por su implicación en la pérdida de Cuba. Todos menos el PNV. Arana felicitó al gobierno americano por su impagable colaboración contra España. Pero el odio de la izquierda a Estados Unidos se consolida a partir de Cuba. El Che fue la insumisión y Castro la victoria. Ahora Chávez. El caso chileno aún no ha sido asimilado por la izquierda. No acaban de entender que Ricardo Lagos se opusiera a que Garzón pudiera juzgar a Pinochet en Madrid. En La Habana, mi amigo Zaldívar sigue cumpliendo las órdenes de Zapatero. Un tente en pie para esa repulsiva torre humana que es Castro. Esa vergüenza de la Humanidad.

La victoria de Obama es una salida que nos conviene a todos. A ZP porque así podrá culpar a la derecha internacional de la crisis económica, y a gentes como yo porque dejaremos de oír barbaridades sobre Estados Unidos. ¡Qué alivio!

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