A Balanced Strategy

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Hoy termina la visita a Colombia de Gil Kerlikowske, nuevo Zar Antidrogas de Estados Unidos. Desde su nominación por la Casa Blanca, el ex jefe de Policía de la ciudad de Seattle generó altas expectativas, dentro y fuera de su país, por sus heterodoxas posturas frente a la guerra contra las drogas. Por su veteranía en seguridad urbana y por la experiencia familiar de un hijastro en la cárcel por posesión de alucinógenos, Kerlikowske representa en materia de lucha antinarcóticos el viraje que la administración Obama ha buscado en relación con sus antecesores.

En cuanto a las responsabilidades domésticas que le competen a la oficina contra las drogas de la Casa Blanca, el nuevo Zar ha enviado varios mensajes esperanzadores. En declaraciones a este diario, Kerlikowske ratificó que el gobierno estadounidense quiere reforzar el énfasis en la reducción de la demanda. A pesar de que la tendencia del consumo de cocaína en Estados Unidos ha sido estable en los últimos años, el informe mundial de drogas de Naciones Unidas calculó que 5,8 millones de estadounidenses consumieron este narcótico al menos una vez durante el 2007. Las autoridades de ese país se gastan 40.000 millones de dólares al año en esta lucha y arrestan a medio millón de personas anualmente por delitos relacionados con estas sustancias. No obstante este esfuerzo, el norteamericano continúa siendo, en términos absolutos, el mayor mercado de cocaína del mundo.

Al igual que otros altos funcionarios de la administración Obama -como la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en visita a México-, el Zar Antidrogas insiste en la “responsabilidad compartida” de su país en esta problemática global. Además, reitera que el camino contra los alucinógenos “no sólo puede ser represión a través del sistema judicial o con militares”. Es, asimismo, reconfortante escuchar que el encargado de la política antidrogas reconoce la necesidad de acompañar el abordaje policial y de seguridad con una perspectiva de “salud pública”. En este punto, Kerlikowske ha prometido la ampliación del acceso a tratamiento para los adictos y el reforzamiento de una estrategia que integre la “mano dura” de la ley con educación, prevención y tratamiento para reducir su consumo. En otras palabras, una estrategia “balanceada”.

Precisamente, el tipo de solución que la comisión integrada por ex presidentes latinoamericanos ha venido impulsando. Sin embargo, la inercia de la política represiva es fuerte e impide cualquier discusión sobre legalización de estas sustancias ilícitas. “La palabra ‘legalización’ no está en el vocabulario de Obama”, dijo Kerlikowske.

Lo más probable es que los cambios positivos de este enfoque sean sentidos más por los adictos en las calles estadounidenses que por los cultivadores de coca en las selvas colombianas. Aunque Kerlikowske no quiso hablar en detalle del futuro del Plan Colombia, no se vislumbran mayores transformaciones en las prioridades ni en los programas antidrogas que Colombia y Estados Unidos desarrollan en conjunto.

El Zar tampoco quiso referirse directamente al hecho de que el Gobierno colombiano esté transitando una vía completamente diferente en materia de prevención y tratamiento de los consumidores. Mientras Estados Unidos -junto a otros países con el mismo problema, como México- marca un giro hacia las soluciones de salud pública, en Colombia el Ejecutivo impulsa una reforma constitucional para penalizar a los drogadictos.

Para los estadounidenses, los mensajes de su nuevo Zar abren la puerta a una política que combine tratamiento y prevención con la represión y las cárceles. No hay claridad sobre cómo la estrategia antinarcóticos se balanceará en el lado que corresponde a Colombia.

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