Congress Ties White House’s Hands in U.S.-Columbia Trade Agreement

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La aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Estados Unidos con Colombia se está convirtiendo en una telenovela de nunca acabar. En un foro en Washington, la secretaria de Estado del país del norte, Hillary Clinton, reiteró que el compromiso de la administración de Barack Obama con esta iniciativa comercial es “muy fuerte”.

Sin embargo, la decisión final reposa en los hombros del Legislativo estadounidense, con mayoría demócrata pero con tendencias proteccionistas y poco afectas al intercambio, en plena crisis económica. Como reconocimiento a esa realidad parlamentaria, la funcionaria insistió en que la demora en su aprobación se debe a “razones políticas internas”. Las declaraciones de Clinton no hacen más que confirmar el mismo libreto político de la Casa Blanca en el último año: compromiso diplomático con los TLC de Colombia, Panamá y Corea del Sur, pero imposibilidad política de aprobarlos en el Capitolio.

Es prácticamente un hecho que el gobierno de Álvaro Uribe terminará el 7 de agosto con este punto de la agenda comercial pendiente. Más bien, las iniciativas se están consolidando en otros frentes geográficos, como el de la Unión Europea, cuyo TLC será firmado este lunes por el Primer Mandatario en Madrid, en el marco de la cumbre de países europeos con la Comunidad Andina de Naciones.

Pero la frustración frente a la iniciativa comercial con Estados Unidos es grande. El gobierno colombiano respondió en su momento a los requerimientos de su contraparte en Washington en cuanto a mejoras laborales y otras exigencias. A pesar de que Clinton reconoció que Colombia y Panamá “han trabajado muy duro para responder a los interrogantes de la administración y el Congreso estadounidenses”, la realidad ha derrotado a la Casa Blanca, aunque goce de mayorías en ambas cámaras legislativas.

Por eso, está bien enfocada la postura del Ministerio de Comercio al insistir en la apertura de nuevos mercados para el país. Los efectos del bloqueo comercial al que nos tiene sometidos el gobierno venezolano ha sido un dramático campanazo de alerta sobre la necesidad de diversificación de puntos de venta. No obstante, tanto los tratados comerciales bilaterales como las ventas de productos colombianos a otros destinos no se construyen de la noche a la mañana. Aunque para Clinton al TLC con Bogotá hay que “buscarle el cuándo”, esperar pacientemente es un lujo que los exportadores colombianos ya no pueden darse.

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