Neighborhly Relations

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Dentro de la agenda del nuevo Presidente, las relaciones internacionales, en especial con el vecindario, reclaman una atención especial. El momento es crucial para saber si se pueden reparar las que han sido dañadas por el combate al terrorismo y al narcotráfico y si es necesario conseguir otros mercados para llenar los vacíos que dejan los afanes intervencionistas de unos y las dudas de los que se suponen aliados de Colombia.

El lunes pasado, el recién elegido presidente Juan Manuel Santos recibió los mensajes de quienes, a partir del 7 de agosto, serán sus colegas. De ellos debe destacarse la llamada del presidente Rafael Correa del Ecuador, dirigida a reafirmar el compromiso de recuperar las relaciones bilaterales, interrumpidas por el ataque en territorio ecuatoriano de la Fuerza Pública de nuestro país, en el cual murió alias Raúl Reyes, cabecilla de las Farc. Un gesto amistoso, que compromete a Santos en el propósito de superar las diferencias, a pesar de que existe en su contra un proceso en el vecino país.

Se conoció también el comunicado sin firma emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela en el que se felicita al pueblo colombiano y al nuevo Mandatario y se expresa que el gobierno de ese país estará atento “a las declaraciones de los voceros del nuevo gobierno (…) y a los hechos que vayan perfilando el tipo de relaciones (…)”. Y remata con la consabida oferta a “contribuir con la paz interna de Colombia como factor clave que redunde en la paz y la integración de la región”. Es decir, habrá que esperar una nueva intervención del presidente Chávez en nuestros asuntos internos, mientras sigue amparando a las Farc y el ELN en su país.

Por lo demás, los mensajes expresan solidaridad, reconociendo los progresos de nuestro país en los últimos años, ofreciendo fortalecer la amistad y ratificando propuestas comerciales que deben tener audiencia en el nuevo gobierno. Son oportunidades para buscar alternativas que garanticen la estabilidad que se requiere para integrar a Colombia en el mundo globalizado. Por eso debe registrarse con complacencia el que el Parlamento de Canadá haya aprobado el Tratado de Libre Comercio con nuestro país, culminando sin contratiempos un proceso iniciado hace apenas dos años.

Esa actitud de la comunidad internacional contrasta con la enigmática y distante posición del gobierno y el congreso de los Estados Unidos. Ayer, el diario más influyente de la política en ese país, The Washington Post, lamenta que Colombia sea tratada “más como un enemigo que como un amigo” por los congresistas del Partido Demócrata en el Gobierno. Y, al expresar su reconocimiento a los logros del gobierno del presidente Uribe en defensa de la libertad, se duele de que se obstaculice el TLC en el Congreso y se trate de reducir el aporte de ese país para la lucha antidrogas. Es esa actitud la que obliga ahora a consolidar más alianzas como las que se han establecido con la Unión Europea, China o Centroamérica, que ven a nuestro país como un buen socio y no como la amenaza que, según el Post, ven algunos de los líderes demócratas

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