Bitter Tea for Obama

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Té amargo para Obama

Como si la elección del primer presidente de raza negra no hubiera sido suficiente, la escena política estadounidense está sufriendo hoy un nuevo sacudón. La consolidación del “Tea Party” (algo así como “el grupo del té) ha generado una revolución política en el país más poderoso del mundo. Y como cada vez que algo así pasa, cunde el miedo, la desinformación y las valoraciones apresuradas.

El “Tea Party” ha sido descripto como un movimiento populista-constitucionalista, y toma su nombre del grupo que en Boston, en 1773 inició una revuelta contra el imperio británico, en rechazo al monopolio sobre el comercio del té. A partir de entonces, ese hecho icónico ha sido tomado como emblema máximo de la lucha contra los impuestos abusivos, causa que en EE.UU. tiene tanto arraigo que incluso existe un “día del impuesto”, que se marca con protestas en todo el país. El movimiento político contemporáneo tuvo su inicio durante la interna republicana de 2008, cuando el diputado por Texas Ron Paul utilizó el tema como eje central de su campaña, como forma de destacar su crítica al manejo fiscal de la era Bush.

En un país sacudido por una fuerte crisis económica, deuda exterior abultada, y un gobierno demócrata que ha elevado en forma astronómica el gasto público y la intervención estatal en la economía, este pequeño movimiento de base ha cobrado un impulso inusitado. Asociado en general al Partido Republicano, y más especialmente a las políticas de austeridad económica de Ronald Reagan, los candidatos apoyados por el Tea Party están consiguiendo resonantes triunfos de cara a las próximas legislativas, y generando dolores de cabeza tanto en el gobierno de Obama, como en la estructura tradicional republicana. Uno de sus candidatos logró incluso quedarse con el asiento en el senado que por décadas ocupó Ted Kennedy, emblema del “progresismo” estadounidense.

Esto ha provocado dos fenómenos: por un lado que la maquinaria de medios afines a los demócratas haya lanzado una campaña furibunda contra el movimiento, acusándolo de racismo, xenofobia e intransigencia fiscal. Por el otro, que los sectores más duros del Partido Republicano, encabezados por la ex candidata a vicepresidente, Sarah Palin, intenten cooptarlo para sí. Esto ha desatado profundas divisiones en un movimiento disperso, poco estructurado, y cuya razón de ser es justamente oponerse a las fórmulas políticas tradicionales. A tal punto llega esta división que hoy se habla de que existen dos movimientos paralelos, uno encabezado por Palin, de raíz más conservadora y religiosa, y otro por Paul, de ideas más libertarias.

Pese a las divisiones, el movimiento ha centrado sus propuestas en una serie de 10 ideas, las cuales giran en torno a controlar el gasto del Estado, reducir y simplificar la carga impositiva, minimizar la intervención de su país en el exterior, y rechazar la reforma a la salud de Obama. Entre las encuestas que se han hecho para tratar de identificar las ideas que nuclean a este grupo se destaca que el 73% se muestra “extremadamente molesto por la injerencia del gobierno en sus vidas privadas”, y un porcentaje similar señala el aumento de la deuda exterior de su país como su principal preocupación. Sin embargo hay desacuerdo cuando se les pregunta sobre temas sociales como aborto o matrimonios homosexuales.

Pero para entender la raíz de este movimiento nada mejor que ver el pensamiento de su iniciador, Ron Paul. Pese a ser republicano, fue un duro opositor a las políticas de Bush tanto en lo exterior (“debemos dejar de ser la policía del mundo”), en la guerra de Irak (fue el único republicano que votó en contra), y en lo económico, afirmando que “si un republicano deja un país con un déficit así, ¿que se le puede exigir a un demócrata?”. En uno de sus últimos discursos Paul decía: “¿cuál debe ser el rol de un gobierno? Es muy simple, proteger nuestras libertades, para que la gente pueda hacerse cargo de sus vidas. Eliminar todos esos impuestos, regulaciones y guerras innecesarias. El propósito es permitir que la gente libere su energía creativa y apunte a la excelencia y a la virtud”. Palabras que parecen tener mucho sentido tanto en una potencia atribulada por los problemas económicos, pero también en un pequeño país que busca su lugar en el mundo.

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