Nothing is new in the United States if it’s spying on its citizenry. When the regime of George W. Bush introduced the Patriot Act under the pretext of the War on Terror, the intelligence agencies expanded beyond any semblance of protection of the civil rights of U.S. citizens. But it was thought that Bush’s departure from the White House would bring an end to the excesses.
However, in mid-February, the House of Representatives — with its Republican majority — voted 275 to 144 in favor of extending for nine more months three provisions of the Patriot Act that were due to expire on Feb. 28. These would give federal investigators the ability to: obtain communication records of terrorism suspects; follow foreigners suspected of acting as “lone wolves” plotting attacks; and access certain business records.
The Senate version is expected to pass, although not in a form some Republicans would prefer. Chuck Grassley (a Republican from Iowa) wanted to extend these provisions indefinitely … and to never revise their formulation.
In any case, the persecution of citizens is a constant in the U.S., despite its hyped liberty and democracy. Just a couple of days before this vote, Obama’s Department of Justice made clear that the FBI, in reality the political police of the empire, could obtain phone records of international calls placed in the U.S. without the mediation of any legal process.
This was revealed by the media group, McClatchy, which apparently obtained a copy of a secret FBI memo that raised the possibility that the agency’s abuses in this regard were ongoing, despite having supposedly been terminated in 2006.
So the Obama administration has continued Bush’s controversial tactics and strategies that allowed the FBI to monitor thousands of international phone calls over many years, according to the McClatchy article.
And here’s something interesting: evidence of collusion with private companies. The FBI maintains an informal system in which it solicits and receives telephone records from three major telecommunications firms, with which it has created what one agent called a “telephone database on steroids,” and which includes names, addresses, information about pay stubs, and services used by customers in certain circumstances or “emergencies.” This is obtained with the companies acting voluntarily and without any legal process.
In addition, this procedure can also be used for email, so whether you’re laughing or crying about privacy concerns, the FBI is laughing at its own citizens and the whole world.
In the end, the FBI continues its long history of espionage and abuse of U.S. citizens, which has become especially famous since its establishment last century when it was directed for decades by the shadowy and feared John Edgar Hoover.
As I said, the FBI is reloading, and nothing is new in the U.S. police state. There are also data security firms developing plans against WikiLeaks, for example, including cyber attacks, misinformation and other aggressive tactics. But this is just another aspect of the methods of the police state and its private partners.
Nada nuevo bajo el sol en Estados Unidos si de espionaje a su ciudadanía se trata. Cuando el régimen de George W. Bush, el hijo, instauró la Ley Patriótica bajo el pretexto de la Guerra contra el terrorismo, con ella las agencias de inteligencia desbordaron cualquier atisbo de protección a los derechos civiles de los estadounidenses; pero se pensó a su partida de la Casa Blanca que las aguas tornarían a su lugar y, por tanto, nada de excesos.
Sin embargo, a mediados de febrero, la Cámara de Representantes —de mayoría Republicana— votó 275-144 a favor de una extensión por otros nueves meses de tres provisiones de la Ley Patriótica que expiraban el 28 de febrero: obtener grabaciones itinerantes de sospechosos de terrorismo que cambien sus modos de comunicación; seguir a extranjeros que actúan como «lobos solitarios» para tramar ataques; y acceso a ciertos registros de negocios.
Faltaba entonces la versión del Senado, pero se estimaba que también allí pasaría la legislación, aunque no como pretendían algunos senadores republicanos, como Chuck Grassley (republicano de Iowa), que deseaban extenderlas por toda la eternidad… y no revisar jamás sus formulaciones.
De todas formas, la persecución a la ciudadanía es una constante, a pesar de sus cacareadas libertades y democracia. Apenas un par de días antes de la votación, el Departamento de Justicia de la administración Obama dejó claro que el FBI (Buró Federal de Investigaciones), de hecho la policía política del imperio, podía obtener los registros telefónicos de llamadas internacionales desde Estados Unidos sin que mediara ningún proceso legal.
Así lo reveló la cadena mediática McClatchy que al parecer obtuvo una copia de un memorándum secreto de esa institución gubernamental con el que se creaba la posibilidad de que los abusos del FBI en esa materia se mantuvieran a pesar de que supuestamente habían sido detenidos en el año 2006.
Así que la administración Obama ha continuado las controversiales tácticas y estrategias de Bush que le permitieron al FBI, durante años, obtener y meter las narices en miles de llamadas telefónicas internacionales, según el artículo de McClatchy.
Y aquí algo interesante, demostrativo del contubernio con las empresas privadas: el FBI mantiene un sistema informal en que le solicita —y se los entregan por supuesto— a tres importantes firmas de telecomunicaciones los registros y con ello ha creado lo que un agente llamó «base de datos telefónicos sobre esteroides», y que incluyen nombres, direcciones, información de los recibos de pago y de los servicios utilizados por los clientes en ciertas circunstancias o «emergencias», bajo total voluntariedad de esos consorcios y sin que medie proceso legal.
Por añadidura, este procedimiento puede ser empleado también para los correos electrónicos, así que ríase usted de la privacidad —o llore usted por ella, mientras el FBI se ríe de su propia ciudadanía y del mundo entero.
En definitiva prosigue su larga historia de espionaje y abusos contra los estadounidenses, que lo hizo especialmente famoso desde su fundación el pasado siglo cuando durante décadas lo dirigió el tenebroso y temido John Edgar Hoover.
Ya les decimos, el FBI vuelve a la carga y nada nuevo hay bajo el sol del Estado policiaco estadounidense. Ahí están también las firmas de recogidas de datos de inteligencia desarrollando planes contra Wikileaks, por ejemplo, que incluyen ataques cibernéticos, desinformación y otras tácticas activas. Pero este es otro aspecto de los métodos del Estado policiaco.
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These costly U.S. attacks failed to achieve their goals, but were conducted in order to inflict a blow against Yemen, for daring to challenge the Israelis.