Yes, Goldman Sachs Rules the World

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Alessio Rastani ha dicho cosas insoportablemente antipáticas sin ser, lo que es aun más antipático, quien creíamos que era. Pero las cuatro cosas que dijo son verdad.

-Sí, un trader sueña con una hecatombe porque en una hecatombe se puede ganar mucho dinero.

-Sí, los grandes bancos de inversión desconfían de los planes de rescate europeos: ¿qué significan las espeluznantes primas de riesgo si no eso?

-Sí, los ahorros de la gente están en pelotas: cuándo caen la Bolsa, los commodities y todo lo demás incesantemente por incertidumbre política y financiera, y en lo único que parece invertir el mundo son los bonos del Tesoro estadounidense, institución técnicamente quebrada, ¿puede decirse que los ahorros están rozagantes?

-Y sí, Goldman Sachs gobierna el mundo. Un libro reciente de William Cohan lleva ese mismo título. Goldman Sachs quiere decir Wall Street y Wall Street, a diferencia de otras industrias, será siempre rescatado. Por eso, aunque Goldman no manda, los que mandan lo hacen en beneficio suyo.

Los gigantes de Wall Street no estarían hoy en funciones si el gobierno no los hubiera rescatado. Estarían quebrados, como Lehman Brothers, el único al que se permitió caer para no dejar caer a los otros.

Goldman—y podría estar hablando de otros bancos de inversión— tiene un modelo de negocio altamente tóxico porque cuenta con la garantía protectora del gobierno. El año del estallido de la crisis, 2007, tuvo ingresos brutos de 87 mil millones de dólares. Repartió en pagos astronómicos a sus empleados y ejecutivos más de la tercera parte de ese dinero; en cambio, a sus accionistas, muchos miles de personas que son dueñas de esas acciones en la Bolsa, les repartió en dividendos treinta veces menos. ¿A usted le gustaría ser accionista de una empresa que gestionaran tres amigos suyos y saber que sus amigos reparten casi cuatro de cada diez euros que ingresan en bonificaciones e incentivos para ellos mismos, mientras que a usted, accionista, le dan 13 miserables céntimos?

Cuando Goldman tiene deudas malas, como sucedió precisamente el año de la crisis (un agujero de 68 mil millones de dólares), sus libros nunca arrojan pérdidas porque goza de un acceso privilegiado al crédito, directa o indirectamente proveniente del gobierno, lo que le permite disimular.

Por último, los altos ejecutivos de Goldman suelen acabar trabajando en el Tesoro (y los del Tesoro con frecuencia se enchufan luego en Goldman).

Cuando se creó la Reserva Federal (banco central estadounidense), se reunieron unos señores importantes para negociar cómo sería la criatura. En esa mesa estaba el hijo del fundador de Goldman. Diseñaron un sistema mediante el cual bancos como Goldman siempre podrían ir a la Reserva Federal y obtener, muy calladitos, el dinero que les hiciera falta. Un siglo después, eso sigue sucediendo: así salvó la Reserva Federal a Goldman. Entre 2008 y 2009, este banco de inversión fue uno de los principales prestatarios del dinero –un total de 1.2 billones de dólares— que el banco central estadounidense dio al sistema financiero para sacarle las castañas del fuego.

Sólo ahora, gracias a que Bloomberg ha llevado hasta la Corte Suprema su batalla para acceder a los detalles de cómo se repartieron esos créditos a interés ínfimo y sin garantías, hemos sabido todo. ¿Qué dio Goldman como garantía? Los papeles basura que estaban en el corazón del problema, es decir casi cero.

Nada hace más daño al sistema capitalista, el más exitoso que haya conocido la humanidad, que la sensación de que el Estado existe para servir a una elite financiera que no compite en el mercado porque tiene la vida garantizada por el resto de la sociedad. No, el amigo Rastani no andaba del todo desencaminado.

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