Energy and the Future

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Energía y futuro

Con la inclusión de depósitos de petróleo inmersos en formaciones pétreas en el inventario de reservas económicamente aprovechables, EE.UU volverá en menos de 10 años a ser el primer productor del mundo, como hace medio siglo, y en menos de 20 será exportador de productos derivados. Esto tendrá importantes implicaciones prácticas para el mundo. El primer consumidor del mundo acabará la dependencia de proveedores con graves interrogantes políticos. A su vez, países cuya economía depende del suministro de crudo a los países desarrollados deficitarios tendrán que buscar otra fuente de ingresos. La moneda de EE.UU. se fortalecerá, lo cual hará más difícil la competitividad de su aparato productivo. De otra parte, se atrasará el viraje en el desarrollo urbano necesario para mitigar la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera que da origen al efecto invernadero.

El cambio de la balanza energética en la mayor economía tendrá implicaciones prácticas muy importantes también. Se robustece el ideal de la autonomía absoluta en desplazamiento, con gran desperdicio de recursos y generación de costos que el precio no recoge, lo que en economía se llama externalidades. No sólo hay impacto ambiental no pagado por quien consume, sino también empobrecimiento de las relaciones entre las personas por la distancia inherente al esquema de convivencia con prevalencia de la residencia suburbana, que reduce la probabilidad de encuentro y, por ende, de interacción. Es razonable defender la riqueza afectiva como objetivo central de la vida.

En lo económico, el problema cambiario que puede enfrentar EE.UU. sería similar al que hoy vive Colombia, como consecuencia de la estrategia de desarrollo minero energética establecida por el gobierno de Álvaro Uribe y cultivada por el actual. La industria americana tiene, con moneda menos fuerte, problemas de competitividad por la diferencia en costo de mano de obra, que se ha mitigado en forma parcial con la robotización de las líneas de producción, y en costos de tratamiento de residuos y sujeción a normas ambientales; sin embargo, en contraste con nuestro país, tienen ventajas importantes en construcción de conocimiento e innovación.

Los países cuyas economías dependen del petróleo, como Venezuela, deben diseñar modelos de desarrollo sostenible. El problema será dramático en los países árabes que viven de la exportación de crudo, cuyos trabajadores en muchos casos son importados de India o Pakistán. En Colombia la nueva oferta significa menor precio de sus exportaciones, menos recursos para el Gobierno y más competitividad del sector manufacturero y agrícola por una moneda más débil. El pésimo diseño institucional se refleja en dinero desperdiciado y corrupción, por lo cual es claramente preferible el nuevo horizonte.

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