The United States: Lessons Learned

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Sin duda que todavía los Estados Unidos de América es una nación grande y poderosa. Pero ya se están viendo, a lo interno de sus estructuras, algunos cambios que nos dicen que hay una transición hacia nuevas formas de ser.

Lo llamativo de los últimos tiempos es que esta nación ya se está convirtiendo en un Estado multinacional y variopinto, que poco a poco irá sustituyendo el etnocentrismo, que hasta ahora ha prevalecido.

Todo comenzó cuando decidieron restringir el paso de los inmigrantes del sur y empezaron a erigir la muralla de Washington. Porque la inmigración era aceptada si venía de Gales, Inglaterra, Irlanda, Alemania, Holanda o Escocia; y en el peor de los casos, de la Italia bien lucida, aceptable y simpática.

No obstante, había una doble moral cuando llegaran los inmigrantes del sur con sus cofres de sombreros, tamales, escapularios, estampas de la Virgen y raros cultos a los muertos y otros rituales solo atractivos a los antropólogos.

Pero toda frontera —metálica, de hormigón o alambres de púas—, siempre es porosa a los desafíos de los seres humanos hambrientos o deseosos de libertad. Y en Washington nunca pensaron que era mejor ayudar a sus vecinos del sur, para que eventualmente no les llegaran en oleadas, que ponerse a erigir instituciones para demoler a los buscadores del “sueño americano” con ministerios, torres, vigías, patrullas, cercas alambradas, zonas desertificadas, helicópteros nocturnos, y otros artilugios de la inteligencia tecnológica.

Toda la tecnología no puede frenar a los que huyen, y que irónicamente se conviertan con el tiempo en fuertes actores, decisores políticos , y modificadores de la realidad que enfrentan.

¿A esto habremos de llamarle “ the quiet revenge ” que los latinos hoy cobran por las políticas de siglos pasados de los EE. UU. en Latinoamérica y los despojos de su territorio a los mejicanos? ¿Es este un nuevo fenómeno sociológico que algún día los académicos habrán de llamar “el poder potencial de los votos mojados”? En parte, los americanos más reacios a los cambios hoy se han diluido en minorías, porque —al igual que muchos europeos— han optado por vivir más felices sin tener hijos o porque prefirieron que los otros aprendieran su inglés, a ellos ponerse a leer El Quijote o Cien años de soledad u Old gringo .

Al iniciarse la era globalizante EE. UU. tuvo una oportunidad que no supo aprovechar; pues en vez de buscar cómo universalizarse, se encerraron en la idea de que el mundo debía aceptar sus valores “americanos”, e interiorizarlos. Porque en sus mentes subyace una idea inmutable: “el mundo entero quiere ser como nosotros; por tanto, nos deben imitar”. ¿Podrán los analistas hoy cuestionar el sistema democrático porque consiente lo “absurdo” e “intolerable” para sus inventores anglos?

¡Qué desagradable debió haber sido para muchos norteamericanos, educados en el sentimiento WASP (blanco, anglosajón y protestante) ver que toda esta marejada de ruidosos, undersized , y mal vestidos latinos, hoy sea una “minoría” con poder político, que no puede ser ignorada! Algo que llama mucho mi atención, al ver los mítines de los partidos políticos gringos disputándose el poder, es observar que por un lado, están los republicanos poseedores —con su cándido pastor— simulando enderezar los retuertos del Estado con su experiencia empresarial; en acera opuesta, el candidato demócrata, pretor —híbrido por sangre y formación—, prometiendo un futuro mejor, como si fuera un líder tercermundista, ante desposeídos rebaños étnicos, minorías e inmigrantes bizarros. ¿Parecía más eso un escenario latinoamericano? ¿O ya esa Amerika no está tan unida? ¿Ya se dio vuelta el pancake? ¿Muchos en Boise o en otras ciudades del Norte, ya estarán pensando que si la democracia no les funcionó —porque bipartidismo y otros mecanismos no pudieron evitar esto— hay que cambiar ya el sistema o rebelarse contra él? Si siguen viéndose más rostros achinados o morenos en el Capitolio o la Casa Blanca entonces, ¿qué va a frenar ese alud callado y despacioso que poco a poco va a darle nuevos hijos de sombrero charro y bigotes hirsutos al Tío Sam?

¿Qué más puede ocurrir? ¿Permitirá la reculante minoría que las efigies de Pancho Villa y Emiliano Zapata se esculpan en Dakota del Sur a la par de las de Washington y Lincoln?

¿Los tacos y el tequila están tomando ya el poder en la tierra de las hamburguers y las Miller?

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