There Is No War

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No hay guerra

La realidad de las medidas que tomaría el “imperio”. EEUU amenaza con sanciones económicas a diversos personeros del Gobierno, no contra el país. Ello abre la posibilidad de una corrida de depósitos a Panamá o el Caribe, donde el dinero está seguro

os conflictos en los cuales se ve involucrado Estados Unidos en el presente son particularmente curiosos, por decir lo menos. En Ucrania -donde hay división del país, formación de milicias ajenas al gobierno central y varios cientos de muertos­ y donde Rusia avanza con implacable decisión, Estados Unidos y la Unión Europea responden con represalias económicas contra los personeros rusos o ucranios que tengan particular responsabilidad en los acontecimientos.

Como se diría en criollo, gran cosota. Con esas decisiones, de carácter más bien simbólico y carentes de verdadero carácter disuasorio, no se revierte nada de lo que allí ha sucedido, ni se evita lo que está por suceder. Pero nadie ha dicho que haya una situación de guerra entre Rusia y Estados Unidos, por lo que sucede en Ucrania. Hay conflictos, diferencias y tensiones, pero no guerra.

Con Venezuela la situación es diferente. El Gobierno ha dicho en reiteradas ocasiones que enfrentamos una guerra (económica) cuyo principal protagonista es Estados Unidos. Además, las autoridades de dicho país han recibido una cantidad brutal de insultos, groserías e improperios a lo largo de los últimos años, procedentes de Venezuela, y han sido acusados de ser los culpables de todos los males que se viven en el país.

Por esas y por otras causas más recientes -como la represión a las protestas ciudadanas- Estados Unidos ha decidido quitarles las visas a los dirigentes más destacados del gobierno venezolano y, además, ha levantado la amenaza de sanciones económicas contra esos personeros, pero no contra el país.

La negación de las visas significa que se les niega la posibilidad a muchos altos dirigentes gubernamentales, y a sus familias, de pasearse por las calles de Miami, de tostarse en sus playas, de comprar en sus centros comerciales, o de llevar a los niños a los parques temáticos de Orlando, todo lo cual puede ser poco grato para ellos y para sus familias, pero no lo suficiente como para modificar sus comportamientos en materia de derechos humanos.

LAS MEDIDAS

La amenaza de sanciones económicas se traduce, en concreto, en la posibilidad de congelar las cuentas bancarias que esos personeros puedan tener en la banca norteamericana. Pero como guerra avisada no mata soldado, el temprano anuncio de que podrían tomarse medidas en ese campo abre la posibilidad de una generalizada corrida de depósitos hacia Panamá o hacia islas del Caribe, donde esos depósitos pueden gozar de mayor tranquilidad, máxime si el país receptor es beneficiario de los generosos subsidios petroleros venezolanos. Para hacer esos cambios de un banco a otro, bastan hoy en día unos pocos minutos frente al computador. En esa forma, todos quedan contentos.

Ninguno de los nuevos ricos venezolanos va a perder ni un solo dólar y Estados Unidos y el gobierno venezolano podrán seguir intercambiando acusaciones e insultos sin hacerse daño alguno. Paralelamente el comercio de petróleo y de otras mercancías sigue en buen pie, sin que nadie pretenda ocasionarle daño al otro.

Estados Unidos todavía necesita del petróleo venezolano y Venezuela necesita los dólares contantes y sonantes que ese comercio le proporciona, pues ello es lo que tonifica las escuálidas reservas internacionales del Banco Central de Venezuela, con las cuales medio se mantiene en funcionamiento el país. Esas divisas se gastan, a su vez, en cerca de un 30 %, en realizar compras en el propio mercado norteamericano, el cual sigue tan abierto como siempre a las demandas de todo lo que Venezuela esté en condiciones de pagar. ¿Alguien ha conocido una guerra económica más peculiar que esta?

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