Bush the Third

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La realidad política y militar ha forzado a Obama a emular a Bush hijo contra todos sus instintos (recordemos que llegó al poder criticando con actitud el intervencionismo militar en nombre de la lucha contra el terror).

No es difícil entender por qué Obama se va pareciendo cada vez más a George Bush hijo. Como su predecesor, ha anunciado la formación de una coalición mundial contra el terror, en su caso el del Estado Islámico que opera en Siria e Irak, un desprendimiento de Al Qaeda, el rival de Bush hijo.

Todo apuntaba, sin embargo, a una diferencia cuando Obama afirmó que esta vez Estados Unidos no pondría tropas en tierra. Pero, además de que ya no es cierto, pues los 1.600 soldados que han sido enviados participarán en acciones militares acompañando a las tropas locales, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Martin Dempsey, declaró en el Congreso que si a su juicio la situación lo amerita, recomendará al Presidente atacar por tierra.

La realidad política y militar ha forzado a Obama a emular a Bush hijo contra todos sus instintos (recordemos que llegó al poder criticando con actitud el intervencionismo militar en nombre de la lucha contra el terror). La realidad política tiene que ver con el debilitamiento alarmante de su liderazgo interno y la creciente percepción, compartida por los votantes, de que también el externo está de capa caída. La última encuesta dice que 80% de los republicanos, 56% de los independientes y 40% de los demócratas creen que no está empleándose a fondo contra el enemigo. Son cifras evidentemente sensibles al impacto psicológico que han tenido los videos macabros del Estado Islámico. Al Baghdadi, su líder, que pretendía provocar esto mismo, hizo una lectura correcta de la psicología norteamericana.

En cuanto al aspecto militar, Obama ha confirmado, como lo hizo Bush, que las grandes coaliciones lideradas por Estados Unidos en estos tiempos son simbólicas. Ya Turquía ha dicho que sólo dará ayuda humanitaria y no permitirá el uso de sus bases, 10 países árabes han hablado de limitarse a un rol aéreo, Egipto ha puesto la condición de atacar a los Hermanos Musulmanes (su problema interno) y los europeos, como España, han dicho que no se implicarán directamente. Obama, pues, tiene que hacer la guerra en solitario con alguna ayuda británica, como de costumbre, aunque se mantengan unas formas para dar la impresión de que la hacen todos.

¿Hay manera de salir triunfador? En el corto plazo, sí; en el mediano, probablemente no. En lo inmediato, los ataques aéreos, el refuerzo de las tropas iraquíes y kurdas, el socavamiento de la financiación extranjera (incluyendo el contrabando de petróleo por la frontera turca) y el suministro de armas a las milicias que luchan contra Assad en Siria puede desacelerar y acaso en parte revertir el avance del Estado Islámico. Pero el precio de ello está condenado a ser muy alto, empezando por la bendición que todo esto implicará para Assad y por tanto sus aliados, Irán e Hizbulá, y la postergación de la reconstrucción política e institucional en Irak. Esto, en el mejor de los casos. En el peor, seguiremos viendo videos del Estado Islámico en los próximos meses y las filas de esa organización terrorista seguirán engordando con yihadistas llegados del mundo entero para luchar contra el nuevo invasor y sus títeres iraquíes (así serán percibidos).

Si alguien es muy consciente de todo ello es Obama, que se ha resistido con uñas y dientes a jugar este rol. Pero la Presidencia de Estados Unidos, país libre, es uno de los cargos que menos libertad permite a quienes lo ejercen.

Desde su rancho tejano, un hombre con botas de cowboy que lleva casi seis años alejado del mundanal ruido, sonríe.

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