Ebola, Obama and the Secret Service

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Ébola, Obama y el Servicio Secreto

RICARDO ESCALANTE | EL UNIVERSAL

lunes 6 de octubre de 2014 12:00 AM

Todo tan rocambolesco como en el mundo subdesarrollado

Hay quienes se empecinan en creer que lo rocambolesco es propiedad exclusiva de los países subdesarrollados, a pesar de los repetidos hechos que presentan realidades unas veces trágicas y otras tan divertidas como en cualquier película. Y Estados Unidos es el mejor ejemplo de lo aquí afirmado.

Acaban de ocurrir dos hechos dignos de cualquier buena película de Mr. Bean, Sacha Baron Cohen o Woody Allen. El primero es la serie de violaciones a los códigos de protección del hombre más poderoso del planeta y su familia; el segundo es la metedura de pata protagonizada por un equipo médico de un magnífico hospital de Texas frente a lo que a la postre resultó ser el primer caso de ébola diagnosticado en Estados Unidos.

Al Servicio Secreto no le sirvió de nada la larga experiencia profesional de Julia Pierson, que había llegado a la Dirección para rescatar la eficiencia y poner orden después del escándalo de prostitución de un grupo de agentes durante un viaje del Presidente Obama a Colombia. El rostro de la señora Pierson durante la audiencia de un comité de la Cámara de Representantes era dramático, de desconcierto. Hablaba más que todas sus palabras juntas y, por supuesto, pocas horas después ella se derrumbó. Tuvo que renunciar.

Un hombre con un cuchillo saltó la cerca de la Casa Blanca, protegida las 24 horas del día por francotiradores y alarmas. Sin que nadie lo detectara recorrió un buen trayecto del jardín, entró a la residencia y a corta distancia de las escalinatas que conducen a los aposentos de la familia presidencial amenazó a un funcionario, después de lo cual fue derribado y apresado. Todo como en los mejores estudios de cine de Hollywood.

Ahora bien, las actuaciones no terminaron ahí porque The Washington Post en una más de su interminable lista de exclusivas, reveló que tres días antes un hombre con antecedentes policiales, ¡subcontratado por un equipo de seguridad!, había entrado con un arma a un ascensor en Atlanta con el presidente Obama y lo filmó con su teléfono celular. Otra vez, como en Hollywood.

La escena habría sido ideal para un buen film porque, además, el periódico del tubazo era nada más y nada menos que el mismo que mantuvo en vilo a la nación más poderosa y al mundo entero, con aquella serie de reportajes impecables de Bob Woodward y Carl Berstein que dieron al traste con la presidencia de un hombre inteligente y bien preparado pero con resortes éticos corroídos. La corrupción sin límites de Richard Nixon para alcanzar sus propósitos quedó en evidencia, mientras el Post dictaba cátedra sobre la descomunal fortaleza de la libertad de expresión y de prensa. Nixon quiso silenciarlo pero no pudo. Su renuncia fue estruendosa y estuvo a un paso de la cárcel.

Como en otra película, después de haber llegado varios días antes a Dallas, Texas, procedente de Liberia, Thomas Eric Duncan, acudió el 24 de septiembre pasado a un hospital con fiebre y dolores abdominales. Allí le preguntaron si había viajado recientemente y él dijo que venía de África, no obstante lo cual se limitaron a prescribirle algunos antibióticos y lo enviaron de regreso a casa, donde estuvo en contacto con familiares y amigos. Ahora se calcula que entre 70 y 80 personas pudieron estar expuestas al riesgo de contaminación. Claro, las autoridades del hospital dijeron después que, por una parte, los síntomas observados no habían sido de ébola y, por la otra, que la información sobre el movimiento migratorio de Duncan no fue transmitida a los responsables de la toma de decisiones. ¡Como en países subdesarrollados!

Nadie ignora que la medicina en Estados Unidos es avanzada. ¿Qué pasó entonces? Dos días después el paciente fue llevado de urgencia al mismo centro asistencial, el Presbiterian Hospital, donde le diagnosticaron la terrible peste y ahora está grave. ¿Habría contagios? Nadie lo sabe, aunque hasta el gobernador Perry se ha apresurado a transmitir mensajes de tranquilidad a la población. Con cierta demora se tomaron entonces medidas de aislamiento y otras precauciones con quienes estuvieron en contacto con Duncan. ¡Peor que en el cine!

ricardoescalante@yahoo.com

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