Hispanic States of America

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Dentro de un par de semanas estaré en Tijuana Innovadora, el encuentro que, desde hace casi un lustro, convoca una serie de organizaciones de aquella ciudad para relanzar la imagen tijuanense y, de paso, hablar de cosas interesantes. Este año, aprovechando el vigésimo aniversario del TLC, el tema central de las conferencias será la diáspora mexicana y la experiencia binacional. El tema no podría ser mejor. Desde hace varios años se ha vuelto un lugar común hablar del “momento hispano” en Estados Unidos. Y es que los datos demográficos, económicos y hasta de participación política de los latinos son notables y lo serán todavía más. La invisibilidad de antes ha dado paso, sin prisa pero sin pausa, a una relevancia innegable.

Veamos algunos números. Hay 53 millones de hispanos en EU, alrededor de 17% de la población total del país. Cálculos más bien conservadores indican que, para 2050, ese número crecerá casi al doble hasta rebasar los 102 millones de personas, poco más de 24% del total. De esos 53 millones, unos 30 millones son de origen mexicano. Hay 12 millones de personas nacidas en México viviendo en EU. Es un número asombroso: equivale al segundo estado con mayor número de mexicanos en nuestro país (solo el Estado de México tiene una población más grande). El poder adquisitivo de los hispanos es igual de notable. Para 2015, el mercado hispano en EU tendrá un valor superior a los 1.5 trillones de dólares. El ingreso per cápita de los latinos es hoy superior a tres de los famosos BRIC. Hay otros ejemplos significativos. Por ejemplo, los hispanos son consumidores voraces de contenido en línea. Pasan 68% más tiempo viendo contenido audiovisual en internet comparados con los “blancos-no hispanos”. 60% de los hogares hispanos tiene al menos un dispositivo en línea, contra 43% del resto del mercado. Y un largo etcétera…

A estos hay que sumarle un factor fundamental: la juventud de la población hispana. 75% tiene menos de 45 años. Pero eso no es todo: 60% tiene menos de 35. Ese grupo, la “generación del milenio”, se ha convertido en la obsesión de medios de comunicación, empresas y políticos. Esta semana, Barack Obama visitó Los Ángeles donde se reunió con un grupo de jóvenes empresarios. Mientras, la Casa Blanca difundió un análisis de la generación, con un enfoque especial en los logros de los hispanos millennials.

La gran pregunta que le resta por responder a la comunidad hispana en EU es la contribución política. Resulta que, a pesar de todo este catálogo de números y pronósticos tan positivos, los hispanos están lejos de participar como deberían en los procesos electorales del país. Alrededor de 12 millones de hispanos votaron en la elección de 2012. Es una cifra importante, y para Barack Obama fue fundamental: sin el apoyo abrumador de los latinos, el presidente no habría obtenido la reelección. Por desgracia, el número de hispanos que no se registró para votar fue similar. Es decir, solo 50% de los latinos en edad y capacidad de votar en EU decidió ejercer su derecho. En elecciones locales, la cifra es aun menor. Es un problema serio. Desde hace años, varias instituciones hispanas se han dedicado —con verdadero esfuerzo y talento— a hallar una solución. Organizaciones como NALEO, el Consejo Nacional de La Raza y varias más trabajan sin parar para elevar el número de hispanos registrados. Lo mismo ha hecho Univision, que entiende la educación y la participación cívica y política como valores a promover activamente.

Tengo para mí, sin embargo, que la solución definitiva pasará no solo por el esfuerzo de las organizaciones que promueven el voto o por los medios de comunicación. El brinco definitivo para la comunidad hispana vendrá de la mano del surgimiento de líderes políticos de auténtico peso. Por ahora, a pesar de su desarrollo demográfico y económico, la representatividad política de los hispanos está muy lejos de ser la que debería. Basta un ejemplo: de un total de cien, solo tres senadores son de origen hispano. Ninguno de ellos es descendiente de mexicanos, por cierto. Ese es el gran reto que enfrenta la diáspora mexicana y sus numerosísimos descendientes: transformar el país adoptivo en el país propio; participar para luego gobernar. Si las generaciones más jóvenes deciden participar de manera más activa en la vida política de este país, la población hispana habrá cerrado un notable ciclo evolutivo: de una minoría mayormente invisible que luchaba por sus derechos a una minoría pujante que no solo ejerce esas conquistas sino que se hace del poder.

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