The US and Its Embargo on Cuba

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En las últimas tres semanas, The New York Times ha publicado tres editoriales abogando por la eliminación del embargo estadounidense a Cuba y por normalizar relaciones con la dictadura castrista.

El periódico mas importante de EE.UU. piensa que al levantar las sanciones, las relaciones del gobierno estadounidense con el resto de América Latina mejorará sustancialmente y Washington estará mejor posicionado para promover la democracia dentro de la isla.

¿Será que se está preparando el camino para un posible cambio de política por parte de la Casa Blanca? Quizás, pero se equivoca The New York Times respecto al impacto que tendría una nueva política hacia Cuba. En lo que sí tiene razón es que el embargo ha fracasado y hay que eliminarlo.

Por más de cincuenta años, las sanciones a Cuba no han logrado ni derrotar a los Castro ni democratizar el país. Más bien han servido al régimen como una excusa útil para explicar la escasez, el estancamiento económico y el bajo estándar de vida de los cubanos. La culpa la tiene el imperio del norte. Levantar el embargo esclarecería la realidad: la causa de la miseria cubana es el régimen y sus políticas represivas y no algún factor externo.

Los Castro nunca se han mostrado interesados en la democracia o en la necesidad de liberalizar la política cubana. Todo lo contrario, su lema ha sido “socialismo o muerte” y todas sus decisiones indican que lo que más les interesa es mantener el poder. Es ingenuo creer que Washington, que tiene un pobre historial en exportar la democracia, vaya a tener éxito en este caso.

Las “reformas” económicas que ha implementado Raúl Castro en los últimos años no alteran fundamentalmente la realidad cubana, pues los cambios son “pocos, limitados y tardíos” para usar la descripción del finado economista cubano independiente Óscar Espinosa Chepe. Si algo hemos aprendido tras 25 años de la caída del Muro de Berlín, es que los países que más rápidamente y de manera coherente hicieron reformas de mercado —como Estonia o Lituania, por ejemplo—lograron una transición exitosa al crecimiento y la democracia, comparado a los que implementaron pocas reformas de mercado, como Rusia o Ucrania. Cuba ni se acerca a esos últimos casos.

Hasta que no haya reformas de mercado mucho más profundas en una Cuba pos-Castro, no debemos esperar que la isla genere riqueza o atraiga inversión capitalista. Por eso, el temor de algunos conservadores y del gobierno estadounidense de que el fin del embargo comercial vaya a darle vida al socialismo es irónico; muestra una fe sorprendente en la viabilidad de ese sistema.

Lo que sí puede tener un impacto más importante y positivo es el levantamiento del embargo a los viajes que implicaría un aumento potencial de hasta un millón o más de turistas estadounidenses. A pesar de que eso incrementaría los ingresos del régimen, tal cambio ayudaría a corromper el sistema socialista, ya que pondría a cientos de miles de estadounidenses en contacto con cubanos de a pie en una economía en que hay cada vez más “cuentapropistas” (empresarios privados tanto en el sector formal como en el informal).

Una mayor presencia de turistas de EE.UU.

incrementaría sus negocios y elsector informal, dándoles a muchos más cubanos mayor independencia del Estado. Dada la mayor generosidad privada de los estadounidenses a nivel internacional (documentado por el Hudson Institute), otras organizaciones no gubernamentales cubanas se podrían beneficiar como no es posible ahora, y es algo que favorecería una futura transición.

Es hora de acabar con el embargo, cosa que requerirá cambios legislativos del Congreso estadounidense. Ponerle fin no rescataría al socialismo. Le quitaría una excusa y ampliaría la sociedad civil cubana. Pero mientras vivan los Castro, no traerá la democracia y tampoco, desgraciadamente, solidaridad con los cubanos por parte de los gobiernos democráticos latinoamericanos.

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