A Small Step: Obama’s Migration Measures

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Es apenas un paso, pero se dice que beneficiará a cuatro o cinco millones de inmigrantes. Se trata de las acciones ejecutivas tomadas por Barack Obama bajo sus prerrogativas presidenciales, obligado por la insistente negativa republicana a aprobar una reforma que ha adormecido en las gavetas del Capitolio de Washington.

Las medidas evitarán la deportación para ese segmento poblacional, de especial importancia para la economía y el desarrollo social estadounidense. El anuncio, de 14 minutos y 57 segundos, hecho en un mensaje la noche del jueves, en la que el rostro madurado del mandatario pudo por fin esbozar una sonrisa, fue escuchado en hogares y centros públicos con atención extrema.

Por primera vez, las personas concentradas frente a la Casa Blanca no exigían, sino que enarbolaban letreros de «Gracias». También por primera vez —se dice—, los millones de beneficiados pudieron dormir tranquilos, sin temor al asalto de las fuerzas de Inmigración a sus hogares o centros de trabajo (ilegal), su encierro en prisiones de fama siniestra y posterior extradición del «país de los sueños…».

La Casa Blanca insiste en que la solución final para el total de más de 12 millones de indocumentados la tiene el Congreso. No le falta razón, porque lo anunciado es apenas un plan de alivio y se requiere el peso de lo legislado para hacerlo permanente. Ahora es apenas un respiro de tres años de permiso de trabajo para millones de indocumentados.

Por demás, como señaló el diario The New York Times, la autoridad presidencial se impuso y optó «por la confrontación sobre la conciliación» con unos opositores que estarán en total mayoría en ambas cámaras cuando comience la nueva legislatura en enero de 2015.

Algunos lo presentaron incluso como un exceso del ejecutivo, y el diario USA Today lo plasmó en esta aseveración: «Si los demócratas quieren hacer las cosas a su manera en temas migratorios, deben ganar más elecciones legislativas y si los republicanos quieren ser más competitivos en las elecciones presidenciales, deben silenciar las voces anti-inmigrantes en su partido, ignorar los llamados para cerrar el Gobierno y aprobar la iniciativa del Senado».

Mientras los hombres y mujeres sin documentos, sus hijos o padres, celebraban la medida que les permite trabajar sin zozobras y pagar impuestos federales, estatales y locales, como parte de esa comunidad productiva, otras voces enseñaban los dientes.

Así, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, amenazó más que advirtió: «Con esta decisión el Presidente ha optado de manera deliberada por sabotear cualquier oportunidad de promulgar las reformas bipartidistas que él dice buscar, y como se le dijo ayer (jueves), está dañando también la misma presidencia». Esas medidas, añadió, «solo alentarán a más gente a venir aquí de manera ilegal y poner sus vidas en riesgo».

Por eso ciertos analistas aseguran que Obama había iniciado otra guerra…

Para este conflicto también hay argumentos: los inmigrantes generarán un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de entre 90 000 a 210 000 millones de dólares, de acuerdo con el estudio elaborado por el Consejo de Asesores Económicos del Presidente, y la fuerza laboral también se expandirá durante la próxima década en unas 150 000 personas, sin que impacte en la probabilidad de encontrar empleo de los ciudadanos estadounidenses.

Con la decisión de ahora, Obama recordaba a todos los ciudadanos de EE.UU.: «La inmigración nos define como país». También identificaba otros intereses cuando enumeró: «Primero, seguiremos dotando a la frontera de más recursos». «Segundo, se hará más sencillo para los inmigrantes con estudios, empresarios y de alto perfil quedarse y contribuir a nuestra economía».

La convocatoria de la noche del jueves es para quienes han vivido en EE.UU. durante más de cinco años, tienen hijos que son ciudadanos o residentes legales, se registren y pasen un control de antecedentes, y estén dispuestos a pagar los impuestos que les corresponden. Solo entonces, podrán quedarse temporalmente en el país y «salir de las sombras».

Unas sombras que, si estas medidas no se convierten en ley mediante una reforma migratoria que debe aprobar el legislativo, podrán cerrarles el paso una y otra vez.

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