The Cuban Revolution, a Half Century of Poverty

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En 1959, triunfó en Cuba la insurrección armada desatada por Fidel Castro Ruz en la Sierra Maestra cubana, obligando al presidente Fulgencio Batista a dimitir. (La película “El Padrino II” hace una recreación realista del momento en que Batista anuncia a su pueblo su renuncia al cargo, y la inmediata reacción de la población con manifestaciones de alegría y euforia por la caída de lo que se consideraba una dictadura).

Lo que siguió en los años venideros no tiene precedentes en la historia política de América. De hecho, una revolución que se impone por las armas goza del privilegio que puede gozar un gobierno de facto, donde la voluntad del gobernante que asume, es absoluta y no tiene normas jurídicas que respetar, ya que de hecho, asume todo el poder, y la facultad de gobernar por decreto.

Cuando Fidel Castro bajó de la montaña y entró en la Habana, fue recibido como el iluminado, el salvador del pueblo, el restaurador del estado. Poco a poco, el pueblo cubano se fue enterando de que el “líder” no representaba lo que se creía. Lejos de democratizar el país convocando a elecciones para escoger un gobierno representativo de todos los cubanos, lo que sucedió fue la más sangrienta represión y la imposición de un régimen de fuerza y control, que ejerció una gran influencia en todos los países de América.

Pese a nuestra incipiente juventud, recordamos aún las series de fusilamientos y los juicios públicos de carácter político que las noticias traían a diario que iban revelando la forma en que el nuevo régimen se iba imponiendo con crueldad a toda la población.

Las nacionalizaciones sin indemnización previa, se hicieron el pan de cada día. Se abolió la Constitución y se impuso una nueva a la medida del régimen, en la cual desaparecieron los partidos políticos y se estableció el sistema de un partido único y oficial, sin opositores que pudieran alzar su voz en contra de cualquier disposición tomada por el gobierno.

Al poco tiempo de estar en el poder, Fidel se declaró marxista e implanto su régimen a sangre y a fuego. Se fusilaron a centenares de oficiales del ejército de Batista en unos juicios públicos celebrados en los estadios, y en donde se ejerció el “derecho popular” como alternativa al hoy “debido proceso”.

Los periódicos de América llevaban y traían las más variadas noticias de como se iba construyendo el régimen que hoy, más de 50 años después, sobrevive con un Fidel -envejecido- y una gerontocracia gobernante liderada por su hermano Raúl, que lucha con medidas sorpresivas para mantenerse a flote.

Quienes han visitado la isla, aseguran que la vida en esa región del Caribe es especial, con una pobreza institucionalizada, y sin ninguna libertad política. No existe la posibilidad de disentir con las políticas oficiales del gobierno ni existe manera de escoger a gobernantes diferentes a los que presenta el partido oficial. La economía cubana permanece a niveles muy bajos, lo que se puede apreciar en los vehículos de transporte público y privado, que son los mismos que cuando la revolución llegó.

En diciembre pasado, se ha suscrito entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba, el restablecimiento de relaciones diplomáticas, lo que implica el fin del embargo comercial impuesto a Cuba por los norteamericanos como represalia al trato dado a los ciudadanos estadounidenses por el nuevo régimen, y a lo cual se achaca las limitaciones y apuros económicos de la nación. Cuba ha sido –aunque en menor grado– la Corea del Norte de las Antillas, en donde el régimen controla y autoriza todo, y donde los racionamientos se vuelven indispensables, porque de otra forma los alimentos y productos de primera necesidad no llenan las necesidades de la población. Se habla que con lo sucedido en diciembre, todo volverá a la normalidad.

Nosotros esperaríamos a ver los resultados, porque el régimen cubano sigue siendo marxista. 2015 trae expectativas para analizar qué sucederá en Cuba después de lo ocurrido últimamente a la revolución. Recordemos que ya no existe una URSS y que el petróleo de Venezuela fue sustento oportuno para Cuba, y ya no.

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