The US and Argentina: Just Carnal Relations for Now

 

 

 

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No hubo un gesto de distensión ni mucho menos un giro en las relaciones de Estados Unidos con la Argentina. La frialdad y el trato distante entre la administración de Barack Obama y de Cristina Kirchner se mantendrá inalterable hasta el 10 de diciembre. A no confundir señales. La reciente decisión de Washington de abrir el mercado de las carnes a Buenos Aires sólo respondió al más estricto pragmatismo técnico norteamericano.

En algunas usinas del Gobierno, en el sciolismo y en sectores de la oposición que responden a Massa y Macri, se entusiasmaban ayer con matices a la idea de empezar a tender un puente entre Estados Unidos y la Argentina para recomponer las complicadas relaciones y dar una vuelta de página de cara a 2016. En este esquema de análisis se entrevió que la apertura al comercio de carnes argentinas podría dar lugar a un reinicio anticipado del diálogo con Washington bajo la idea de preparar el terreno al próximo gobierno.

“Ahora se abre una puerta en un túnel bastante oscuro. Esperamos que sigan abriéndose más puertas”, dijo ayer a LA NACION un ministro de Scioli cuando miraba por TV el anuncio de la apertura de comercio de carnes argentinas a Estados Unidos.

A su vez, un twitter de Noah Mamet, el embajador norteamericano en la Argentina, dio lugar a especulaciones entre los candidatos presidenciables. “Buena oportunidad para ampliar integración económica: @USDA_APHIS aprobó cambios para permitir importar carne de #ARG”, escribió Mamet en simultáneo a que los ministros de Agricultura y de Economía, Carlos Casamiquela y Axel Kicillof anunciaban la apertura comercial.

Claro que ninguno de esos dos funcionarios del Gobierno dieron pie a una recomposición de vínculos con Washington. Por el contrario, por ejemplo, Kicillof dijo que “medidas de corte proteccionista de Estados Unidos sobre la carne argentina sin justificación le generó a la Argentina pérdidas en su exportaciones por más de 2000 millones de dólares”. Y para agregar más tensión el canciller Héctor Timerman resaltó que “los mercados [norteamericanos] no se abrieron por el intenso lobby de las empresas de Estados Unidos, ante la oferta de países agropecuarios altamente competitivos”.

No opinaban lo mismo algunos funcionarios de la misma Casa Rosada que se entusiasmaron con una mejora en las relaciones con la administración Obama que sirvan para distender la tensión en las negociaciones con los fondos buitre y salir del default técnico.

Nada de esto habrá por ahora. La mejora en las relaciones de Washington con Buenos Aires deberá esperar hasta el 10 de diciembre. Por el momento, sólo habrá relaciones carnales estrictamente hablando. No es un eufemismo retroactivo a épocas de menemismo. Nada de ello: la apertura del comercio de carnes a la Argentina sólo respondió a una decisión técnica.

“La decisión del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de modificar las regulaciones sobre la importación de carne forma parte de un largo proceso de evaluación técnica por parte de esta agencia”, dijo a LA NACION una fuente del Departamento de Estado. No hubo lugar a la doble lectura.

En tal caso, el pragmatismo de Washington tiene una excusa palpable: ayer se supo que en las próximas semanas la Organización Mundial de Comercio (OMC) iba a emitir un fallo desfavorable a Estados Unidos. Era el resultado de una presentación que hicieron en 2012 la Argentina y Brasil, quienes plantearon que Estados Unidos mantuvo las restricciones “en forma injustificada”.

La oportunidad del anuncio de apertura de comercio de carnes tampoco tiene que ver con un gesto hacia la Argentina sino más bien hacia Brasil. Es que ayer mismo Obama se reunió con su par brasilera Dilma Rousseff en la Casa Blanca para sellar un amplio menú de acuerdos y volver a impulsar las relaciones bilaterales.

Obama se entusiasmó con la visita de Roussef: “Marca un paso más en un capítulo nuevo, más ambicioso en las relaciones entre los dos países. Agradezco su amistad, colaboración y el progreso alcanzado juntos”, dijo. Rousseff también retribuyó esos gestos.

En este caso, el anuncio de la apertura del negocio de las carnes es un mojón central en la vuelta de página a la crisis diplomática desatada entre Brasilia y Washington por el escándalo de espionaje norteamericano a la presidenta brasilera.

Nada hace prever que Cristina Kirchner y Obama recompongan relaciones como lo hizo Rousseff. La Presidenta está enfrascada en profundizar un estrecho vínculo con Rusia y China para mostrar sus extremas diferencias con Washington.

Así, las relaciones entre la Argentina y Estados Unidos sólo quedarán acotadas, por ahora al tema carnal, aunque a Cristina Kirchner no le agrade el eufemismo. Pero es la realidad: el vínculo está hoy limitado a temas culturales, un tibio intercambio comercial y cooperación científica. La balanza comercial entre ambos países tuvo un déficit para la Argentina de 4900 millones de dólares el año pasado.

Además, ni siquiera es factible que el gobierno kirchnerista disfrute de los beneficios de la apertura del comercio de la carne. Según fuentes de la Cancillería, no debe esperarse es un inicio inmediato del intercambio comercial ya que la implementación del envío de carnes demorará un buen tiempo ya que se deben ajustar los detalles técnicos sanitarios y las certificaciones de rigor en la Aduana.

Las relaciones carnales son las que literalmente habrá en el horizonte inmediato entre Estados Unidos y la Argentina. Seguramente el próximo gobierno se encargará de que el vínculo no se quede sólo en ello y se encaminen a relaciones maduras..

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