Lessons Learned from Afar: Obama’s Presidency

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Lecciones desde fuera: la presidencia de Obama

GUSTAVO GORDILLO / I

Creo que la presidencia de Barack Obama será reconocida como el punto de quiebre en la política del Estado norteamericano.

En el ámbito doméstico dos hechos resaltan: la recuperación económica después del colapso de 2008, y la reforma al sistema de salud pública. Otros temas importantes han supuesto una narrativa que aboga a favor de los derechos de minorías, notorio en el caso del matrimonio igualitario o que respeta el desarrollo de experimentos locales en la legalización de la mariguana.

Hay desde luego varios peros en cada caso. La recuperación se logró por medio de un rescate injustificado de los causantes –bancos y agentes financieros– de la crisis económica misma. El sistema de salud tiene aún huecos para alcanzar a ser realmente universal.

Paradójicamente la presidencia del primer afroamericano también está marcada por un retroceso severo en los derechos de esa esa minoría, como atestiguan los asesinatos cometidos por policías en su contra.

En el ámbito internacional intentó reorientar la política exterior estadunidense en términos geoestratégicos hacia Asia, reconociendo el nuevo papel de China en el contexto mundial y sobre todo a reforzar la acción multilateral en tema de desarrollo, de intervenciones armadas y de combate a la delincuencia.

Varios hechos hacen muy controversial la evaluación de la política exterior de Obama. El agravamiento de la situación en el Medio Oriente desde varios flancos que van desde cómo enfrentar a la dictadura en Siria, cómo avanzar en el complejo proceso entre israelitas y palestinos, hasta cómo mantener un discurso de impulso a los derechos humanos, mientras la política estadunidense apoya a dictadores como los que gobiernan en Egipto, Arabia Saudita y otros países de la región. O el deterioro de la relación entre Estados Unidos y Rusia con sus graves impactos en Europa y en el Medio Oriente.

Es necesario empero reconocer que los acuerdos de gobernabilidad mundial surgidos después de la Segunda Guerra Mundial se han erosionando. La emergencia del poder salvaje desvinculado de instancias de representación y legitimidad como el poder financiero internacional, el terrorismo religioso o no, el crimen organizado alrededor del comercio ilegal de drogas, la ausencia de formas de gobernabilidad en algunas áreas estratégicas del mundo, y la presencia de graves daños a la convivencia mundial, como el cambio climático o las crisis de refugiados y migrantes.

En un contexto mundial complejo dos aspectos definen mejor la política exterior del presidente Obama. El reconocimiento que el mundo ha dejado de ser –si acaso lo fue alguna vez– un mundo unipolar y la búsqueda en consecuencia de un nuevo rol de Estados Unidos en el mundo. Y dos, la búsqueda de nuevos mecanismos de coordinación y cooperación desde los ámbitos regionales.

De Obama se esperaba más desde el punto de vista de las expectativas de sectores progresistas, muchos de ellos no partidistas, y que fueron decisivos en la movilización ciudadana que acompañó el proceso electoral de 2008 y la reelección en 2012. Dos errores marcaron desde el principio esas falsas expectativas. Obama era y es esencialmente un centrista que impugnaba las formas de ejercer un liderazgo mundial, pero no el papel de Estados Unidos como gran potencia. De igual forma Obama es un centrista que criticaba la forma de modelar las políticas domésticas y que creyó que con buenos argumentos lograría conformar en el Congreso estadunidense una coalición centrista de demócratas y republicanos.

Pero Estados Unidos es cada vez más un país de abigarradas minorías –incluyendo la blanca– y menos el crisol de culturas y razas que lo fue por mucho tiempo. La clase política estadunidense está menos proclive a la componenda y más al conflicto y a la política inmovilizadora de vetos. Todo este contexto emerge en los prolegómenos de la larga campaña presidencial de 2016.

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