The United States’ Fascist Hare

<--

La liebre fascista de Estados Unidos

Supongo que, por reflejos condicionados, habrá que entender las fijaciones e identificaciones que se operan en la mente. Por lo menos es así es como quiero entender cuando escucho un nombre y, por inercia, lo asocio a alguien a quien conozco. Para mí, Donald está asociado a un sujeto de la familia Anatidae; a alguien pobre, vestido de marinero, mal ejemplo de tres sobrinos idénticos, pertinazmente enamorado de otra pata y con un tío cuyo máximo placer consiste en un baño mañanero, en una tina repleta de monedas.

Ese es el Donald que por antonomasia los niños de mi generación conocían y se deleitaban con sus desventuras de historietas. No es el Donald del que hablo en esta columna. Hay un otro que no es pato, parece más bien una liebre rubicunda y de pelaje ralo, color zanahoria. Es malhablado y multimillonario, una versión muy gringa de Mussolini, pero con barras y estrellas.

Este mal señor, misógino, racista y protohistórico, no sale en revistas de cómics, no tiene nada que ver con la ficción. Es tan de carne y hueso que da miedo. Tiene seguidores fanáticos y bulliciosos, en su mayoría blanquitos, ricos y tahúres que apuestan que su candidato será el próximo Presidente de Estados Unidos de Norteamérica. Ante ello, Trump, sin pudor ni empacho alguno, asegura: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Este republicano promete que en su gestión construirá un muro perimetral similar a la muralla china, que impedirá el ingreso a los mexicanos y a otros espaldas mojadas a su territorio. Los que ya están dentro, pertenecientes a nacionalidades y etnias extranjeras, pagarán el costo de la tapia para luego ser expulsados a sus lugares de origen, todo en razón de que “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores”. Además, estos enviados hablan español y no inglés, subrayará el candidato, como razón inobjetable.

Entonces, sin la presencia de tales gentes, en todo el territorio de la Unión concluirán los males sociales; será un retorno al idílico y paradisiaco edén blanco, cada cual ocupando su lugar como la naturaleza manda. No se admitirá, en este nuevo Nirvana, mujeres “cerdas, gordas, perras, patanes y animales asquerosos”. La excelente periodista Megyn Marie Kelly protestó por la discriminación y el lenguaje inapropiado del candidato, pero se llevó la sorpresa del día cuando este le replicó que sus entrevistas rezumaban sangre, al igual que ella, cada 28 días lunares. No sea crea que solo latinos y mujeres poco agraciadas dejarán de tener cabida bajo el cielo estadounidense; también se excluirá a africanos, árabes, asiáticos, quienes están avisados de que volverán a casa apenas pisen el suelo de la libertad.

Como todo megalómano fascista, Trump se cree imprescindible y triunfador. Lo dice su apellido. Sin reparo alguno, afirma que el pueblo estadounidense ansía un líder con historial probado de éxitos. Puede ser, pero me temo que uno de sus éxitos ambiciosos es, con anuencia del Comité Olímpico Internacional, suprimir la disciplina de tiro al blanco y, en su lugar, incluir la de “tiro al negro y al latino”, especialidad en la que la Policía de EEUU ya tiene un amplio récord.

About this publication