Melania and Ivanka

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Melania e Ivanka”¿Y Melania? Casi no se la ve. Anunció que dedicaría sus esfuerzos a mejorar la calidad de vida de los niños, a defenderlos del bullying en las redes, pero todavía no ha hecho nada…”

Ahí estaba Melania Trump, al lado de Juliana Awada, la mujer de Mauricio Macri, toda una sorpresa, porque la ex modelo eslovena apenas ha aparecido en actividades oficiales, al punto que algunos la han calificado como “la más irrelevante Primera Dama (de EE.UU.) de los últimos años”.

A lo largo del tiempo, la institución de “Primera Dama” se ha ido forjando con el carácter de sucesivas mujeres de presidentes. A comienzos del siglo XX, ellas estaban relegadas al ámbito privado, pero a medida que la lucha por los derechos de las mujeres fue tomando vuelo, las PD (FLOTUS en la jerga de la Casa Blanca) asumieron papeles mucho más políticos; en realidad, algunas se volvieron verdaderas activistas.

En el siglo XX, destacó Eleanor Roosevelt por su promoción de los derechos humanos; más tarde, Lady Bird Johnson y Rosalynn Carter fueron emblemas de mujeres de acción. Abrazaron un feminismo sin ideologismos, defendieron los derechos civiles, la igualdad salarial, la no discriminación. Eran mujeres influyentes, más que nada por estar al lado del hombre más poderoso del mundo, pero no fueron un mero acompañamiento de sus maridos. Se convirtieron en “modelo” para las estadounidenses.

Laura Bush, con su voz suave, no temía enfrentar a la prensa y defender asuntos controvertidos e incluso meterse en política internacional. Hillary Clinton, sin duda, ha sido la más activa políticamente, y polémica, de las últimas PD y la única en ocupar una oficina en el Ala Oeste, el sector reservado para las tareas ejecutivas. Michelle Obama, la primera PD afroamericana, con su estilo natural y sus campañas por una alimentación sana y una mejor educación para las niñas, se convirtió en ícono femenino del siglo XXI.

¿Y Melania? Casi no se la ve. Anunció que dedicaría sus esfuerzos a mejorar la calidad de vida de los niños, a defenderlos del bullying en las redes, pero todavía no ha hecho nada. Quizás la obsesión de Donald Trump por el Twitter la disuadió. Por ahora, Ivanka, la “Primera Hija”, aunque lo desmienta, ocupa su lugar. No es Melania la que tiene oficina cerca de Trump sino Ivanka. No es Melania sino Ivanka la que acompaña a Trump en las reuniones con líderes extranjeros, quien está en reuniones de alto nivel (como en la cumbre del G-20 en Alemania) y quien tiene acceso diario a la oficina y al oído de su controvertido padre.

Ivanka ya definió que buscará el “empoderamiento económico de las mujeres”, que seguirá luchando por la igualdad de salarios y por un posnatal pagado. Y no le importa la polémica con los diplomáticos por su empeño en ayudar en crisis humanitarias africanas, al margen de los programas del gobierno.

Mientras, Melania está ausente. ¿Será por timidez, desinterés o por una difícil relación con Donald? La prensa, artífice de la institución de las PD, está a la espera de que ella se instale en Washington para escrutar sus movimientos, ver cómo define su estilo y revele qué temas serán los que la saquen de su muy privada vida.

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