Trump Doesn’t Want Immigrants – Except for His In-Laws

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Entre los planes del presidente Donald Trump para impedir que más inmigrantes vengan a los Estados Unidos, está el terminar con lo que él y los republicanos llaman “inmigración en cadena”. El término oficial es Reunificación Familiar. Es decir, que un residente legal de este país solicite permiso para traer a vivir aquí a uno o más miembros de su familia.

En varias ocasiones el mandatario ha dicho que esos familiares que obtienen visas gracias a un pariente, “vienen en grupo, roban empleos a los estadunidenses y lo que es peor: son una amenaza para la seguridad del país. La inmigración en cadena debe terminar. Abre el camino a terroristas. Alguna gente viene y se traen a toda la familia, algunos de ellos pueden ser verdaderamente malos. No lo vamos a aceptar”, ha dicho Trump.

Es ésta la manera legal más común de mudarse a los Estados Unidos, donde en 2016 cerca de un millón de inmigrantes llegaron como parientes inmediatos de un residente o ciudadano.

El presidente quiere que se modifiquen las leyes, que cada inmigrante sólo pueda traer consigo al cónyuge y los hijos menores de edad. Su intención es que se dé prioridad a inmigrantes altamente educados y que hablen inglés. Está decidido a acabar con el programa mientras no se trate de los padres de su mujer.

Amalija y Viktor Knavs se convirtieron en agosto pasado en ciudadanos de los Estados Unidos siguiendo precisamente el proceso legal que su yerno tanto quiere eliminar. Su abogado, Michael Wildes, confirmó que lo lograron gracias a su hija y aprovechando el proceso de reunificación de familias. Hasta el momento ni el presidente ni la Primera Dama han hecho declaración alguna sobre el caso y la Casa Blanca dijo que no puede comentar, porque los Knavs son ciudadanos privados.

Para lograr la nacionalidad estadunidense, se supone que por cinco años antes se debe tener Green Card o residencia legal, respaldada por un familiar o por un empleo que demuestre que nadie aquí puede desempeñar ese trabajo; así como conocimientos cívicos y del idioma. El proceso puede durar de once meses hasta años dependiendo de cada caso, siendo los inmigrantes de México, India y Filipinas los que más tardan en obtenerla.

Los suegros eslovenos, ella de 73 años, él de 74 y sólo dos años mayor que su yerno, hasta hace poco vivían con su hija en la torre Trump de Nueva York y aunque no se han mudado definitivamente a Washington, son frecuentemente vistos en la mansión oficial donde, se dice, le hacen compañía a Barron, su nieto, y viajan los fines de semana y festivos con la pareja presidencial a Mar-a-Lago, el lujoso club de playa que Trump posee en Florida.

Los Knavs tuvieron a Melania, entonces llamada Melanija, en 1970 en Sevnica, un pueblo de 4 mil 500 habitantes, cuando Eslovenia, una pequeña república de dos millones de personas, era parte de Yugoslavia, bajo el mando del líder socialista Josip Broz Tito. Él, miembro del partido Comunista, como todos allá en ese entonces, era vendedor de refacciones para autos y ella confeccionaba ropa para niños, incluyendo la de sus dos hijas.

Sus vecinos describen a Melania como una adolescente tímida que deseaba graduarse de la Universidad de Liubliana, pero en 1987, cuando tenía 17 años, el fotógrafo Stane Kerko le pidió que posara para él. A los 18 fue contratada por una agencia de modelos en Milán, donde cambió su apellido a Knauss, que suena más germánico.

Se desconocen los detalles legales o cuál fue su calidad migratoria pero en 1996 llegó a trabajar a Nueva York y pronto tendría su foto en un gigantesco anuncio de cigarrillos Camels colgado en el corazón de Times Square. En 1998 conoció a Trump, ella de 28, él de 52 años y casado.

La hoy Primera Dama, que habla además de esloveno, inglés, francés y alemán, en 2001 obtuvo su Residencia Permanente bajo el programa conocido como “Visa Einstein” que se otorga a individuos con habilidades extraordinarias, generalmente científicos, catedráticos o investigadores. En 2006, ya casada con el magnate, se hizo estadunidense.

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