What If, Instead of Roosevelt, Trump Was In Charge of D-Day?

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La diferencia entre un simple gobernante y un estadista mundial no se mide por el tamaño del país, sino porque sus decisiones marcan el rumbo de la historia. El sudafricano Nelson Mandela es una leyenda porque frente a un momento crítico tomó una decisión transcendental… y ganó. Ocurrió cuando leyó en su celda de aislamiento el poema Invictus y decidió que no iban a derrotarlo y que un día sería libre y liberaría a su pueblo. El momento de otra leyenda, Abraham Lincoln, llegó cuando decidió declarar la guerra a los estados del Sur, y liberó a los negros de la esclavitud. Y la gran decisión de Franklin D. Roosevelt ocurrió hace 75 años, el 6 de junio de 1944, cuando puso a su comandante Dwight Eisenhower al frente de más de un millón de hombres, para que dirigiera el mayor desembarco jamás visto. El Desembarco de Normandía pasó a la historia como el Día D porque estaba en juego la liberación de Europa de la tiranía nazi.

Ahora bien ¿qué habría pasado si en vez de Roosevelt hubiese sido Donald Trump el presidente de EU hace 75 años?

Aunque especular es entrar en terreno fangoso sobre lo que hubiese ocurrido, el comportamiento errático (a veces de niñato preadolescente) y megalómano hasta lo enfermizo del actual mandatario republicano sería como poner al zorro a cuidar las gallinas. En donde no hay espacio para especular es en lo que sí hizo el demócrata ­Roosevelt; y quién mejor para definir su carácter que lo que dijo sobre él el canciller soviético Andréi Gromiko en sus Memorias sobre la Conferencia de Yalta de febrero de 1945, donde Roosevelt, Churchill y Stalin planearon cómo se iban a repartir el mundo tras la cercana derrota de Alemania (Hitler se suicidó el 30 de abril y los nazis se rindieron el 8 de mayo).

“Nunca empleaba palabras desagradables en las conversaciones, incluso con sus oponentes políticos. En su lugar, Roosevelt re­curría al humor. Demostraba un gran control, procurando, incluso en momentos de gran tensión, aportar a la discusión un aspecto positivo de compromiso”.

Frente a esto, basta con ver el paso de Trump por Gran Bretaña estos días: Insultó al alcalde de Londres, Sadiq Khan, al que llamó “perdedor”, y a la nuera de la reina, Meghan Markle, porque votó a Hillary Clinton y no a él; presumió de que la gente lo aclamaba en las calles y calificó de fake news a lo que realmente sucedió —miles de ingleses burlándose de él—, humilló a la premier Theresa May por defender un ­brexit blando; en una clara injerencia en la política interna británica, dio su bendición a los políticos más radicales y antieuropeos; demostró su ignorancia por defender el muro ante el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, quien lucha por lo contrario, por evitar un muro entre su país e Irlanda del Norte, y finalmente hizo oídos sordos al clamor en su país contra el chantaje arancelario a México (su principal aliado comercial), ya que estaría poniendo en peligro la propia economía de EU.

Con semejante currículum que nadie se lleve a engaño: El Desembarco de Normandía habría sido una terrible derrota aliada con Trump al mando; o peor aún, le habría dicho a Churchill que “sus problemas con Hitler no son los suyos” y que no estaba dispuesto a sacrificar soldados estadunidenses —como sí hizo afortunadamente ­Roosevelt— a no ser que le diera algo a cambio.

Ya lo dijo en su momento Roosevelt en un histórico discurso ante el Congreso de EU para que lo apoyara en la entrada a la ­guerra: “No podemos salvar nuestra propia piel cerrando los ojos al destino de otras naciones. Debemos ser el gran arsenal de la democracia”.

Ya sabemos lo que dice Trump cuando acude al Congreso: “Los inmigrantes son unos criminales”, y mentiras parecidas.

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