The Infamous Position of the United States against Cuba

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Cuando el mundo vive una de las más desastrosas pandemias en la historia moderna y en la que Cuba se halla en la primera línea de combate sanitario contra el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, Estados Unidos insiste en prolongar y acrecentar el violento bloqueo económico y financiero que mantiene contra la Isla desde hace 60 años.

En los días finales del mes de marzo el número de contagiados en el orbe con el virus alcanzó a más de 350 000 personas, y las muertes ya superaban las 11 000 en 180 naciones, principalmente Italia, España, China, Irán, Estados Unidos y Brasil.

Cuba, que mantiene en su territorio un estrecho control y atención sanitaria gratuita a toda la población, ha sido reconocida en el mundo por su excelente cobertura médica y por prestar ayuda a numerosas naciones a través de sus misiones internacionales que dieron inicio el 24 de mayo de 1963, cuando 55 colaboradores de la salud fueron a la República Argelina, recién liberada del colonialismo francés.

Desde entonces a la fecha, y en momentos difíciles por desastres naturales como huracanes, terremotos, inundaciones, epidemias de malaria, dengue o ébola, brigadas cubanas han acudido a prestar asistencia a los afectados como digno ejemplo internacional de solidaridad humana.

Ahora, cuando arrecia la epidemia del COVID-19, Cuba ha enviado misiones médico-sanitarias a China, Nicaragua, Venezuela, Granada, Surinam, Belice, Italia, Dominica, Jamaica, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas; además recibió en el puerto del Mariel al crucero británico MS Braemar con varios pasajeros contagiados con el nuevo coronavirus, y al que le fue negado atracar en varios países, lo cual le ha granjeado a la mayor de las Antillas innumerables muestras de agradecimiento.

Es en este escenario nuevamente Estados Unidos se lanza contra la noble, altruista y humanitaria política del gobierno y los médicos cubanos.

El Departamento de Estado y la embajada de Estados Unidos en esta capital, en una declaración, instaron a los países que hoy reciben cooperación médica cubana a rechazar esa contribución, pese a la pandemia de la COVID-19.

Así lo dispone un tuit de la representación diplomática estadounidense en La Habana, cuando desde la Isla del Caribe están partiendo brigadas sanitarias a varias naciones para ayudar a combatir el nuevo coronavirus.

«Cuba ofrece sus misiones médicas internacionales a los afligidos con #COVID-19 sólo para recuperar el dinero que perdió cuando los países dejaron de participar en el programa abusivo», dice el ignominioso texto.

«Los países anfitriones que busquen la ayuda de Cuba para #COVID-19 deben examinar los acuerdos y ponerle fin», añade.

Resulta indignante la prepotencia imperial que amenaza a las naciones libres del mundo a que no reciban la ayuda solidaria de los galenos cubanos en estos tiempos tan difíciles.

A la par que Washington refuerza el genocida bloqueo a Cuba en tiempos de pandemia, también quiere negarle a otros pueblos contrarrestar el virus con la humanitaria labor de las brigadas internacionalistas cubanas de salud que han estado presentes en 164 naciones del mundo desde el triunfo de la Revolución.

En Estados Unidos, el negocio de las privatizaciones ha dejado desamparado a millones de personas, pues la premisa en las clínicas y hospitales resulta completamente discriminatoria: si no tiene dinero, no lo atienden; si cuenta con un buen seguro, las puertas se abren.

El presidente estadounidense, Donald Trump, acostumbrado a mentir, ha sido centro de numerosas críticas por el mal manejo de la situación.

En sus primeras declaraciones afirmó que el coronavirus era solo una influenza pasajera y acusó a los demócratas y a los medios de comunicación de aupar el temor; después insistió en que todo estaba bajo control y se autovanaglorió de su «inteligencia» para enfrentar la enfermedad; subrayó que ya se habían reducido los niveles de infestación y que en 15 días se abrirían todos los trabajos para poder salvar la economía ante un pequeño catarro. Después tuvo que declarar una emergencia nacional.

Como consecuencias, el virus ya afecta a más de 60 000 estadounidenses de los que han fallecido 1 031.

La patológica obsesión de Trump choca con las cientos de declaraciones en el orbe que claman la cooperación del eficiente y profesional programa de salud cubano.

Como expresó recientemente el presidente cubano Miguel Díaz-Canel: «En medio del acecho del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, la decisión de nuestro gobierno ha sido mantener la colaboración médica, y en aquellas naciones donde existen internacionalistas cubanos, convertirlos en bastión de avanzada para enfrentar la pandemia».

Trump una vez más quedará truncado.

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