Racism in the US

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En estos tiempos de encierro obligado se abre tiempo libre y una manera de aprovecharlo es ver buen cine, ya sea en algunos canales de la televisión abierta (TVUNAM, Canal Once) o en YouTube, donde puede uno encontrar una infinita gama de opciones. Recomiendo dos espléndidas obras: la película Green book y la serie When they see us (Así nos ven), ambas basadas en hechos reales.

La primera relata la historia de un virtuoso pianista afroamericano en la década de los sesenta, quien hace un viaje por el sur de Estados Unidos dando conciertos ante audiencias conservadoras a quienes cautiva con su destreza musical, pero que le niegan el acceso a sus cocteles y fiestas después de su presentación.

Sus agentes le consiguen un chofer de raza blanca, quien, a pesar de su origen italiano y residir en una apretada vivienda en Brooklyn, tiene una actitud prejuiciada contra los negros y los hispanos. Al quedar desempleado no le queda otra más que manejar el auto con el artista sentado en el asiento trasero, abrir la puerta, cargar las maletas, dormir en hoteles de segunda calidad, mientras que su compañero de viaje lo hace en los mejores hoteles.

La segunda obra es una serie que puede encontrar en Netflix. En 1989, un grupo de jóvenes de entre 14 y 16 años son acusados y enjuiciados por la supuesta violación e intento de homicidio de una joven blanca cuando hacía ejercicio en Central Park de Nueva York.

A pesar de su absoluta inocencia, son llevados a juicio al confesar ser culpables después de ser coaccionados por la policía, misma que amenaza y extorsiona a sus padres para que no los defiendan. A pesar de no haber ninguna evidencia de haber cometido el crimen, son sentenciados a pasar hasta 13 años en las peores prisiones de Estados Unidos. Es una historia desgarradora, cruda, que describe el brutal racismo que impera en nuestro vecino del norte.

En esta serie, los productores se toman la libertad de presentar una escena donde dos de las madres de los jóvenes están viendo las noticias sobre el juicio, cuando aparece un anuncio con el entonces magnate de bienes raíces, Donald Trump, quien pagó 85 mil dólares para publicar un anuncio en la prensa donde pide que se condene a muerte a estos jóvenes.

Ambas historias son de una actualidad notable.

A unos meses de que los estadunidenses vayan a las urnas a decidir quién será su presidente por los siguientes cuatro años, la división racial subyace en la cotidianeidad americana.

Según las encuestas censales más recientes, los afroamericanos representan hoy el 13.4% del total de habitantes en ese país, el 55% de ellos siguen viviendo en los estados del sur como lo hicieron sus antepasados. En 2016, el 26.2% vivía en pobreza, comparado con el 12.4% de los blancos.

Cabe recordar que el derecho a votar sólo se les otorgó hasta 1965. Su participación en las elecciones ha sido escasa: en 2016, el total de votantes registrados fue de 231 millones, de los cuales votaron 137 millones, sólo el 12.5% fueron negros.

Las encuestas en los pasados meses dan al candidato demócrata Joe Biden una clara ventaja sobre Trump. Sin embargo, todo apunta a que en los próximos tres meses esa diferencia puede disminuir y cerrase hasta un mínimo.

El presidente en funciones ha tratado de mostrarse cercano a las comunidades negra e hispana con un falso discurso que niega su trayectoria racista y discriminatoria, porque sabe que necesitará su apoyo para reelegirse. Esperemos que se equivoque y que se vea obligado a dejar Washington al ser derrotado por aquellos a quienes tanto ha ofendido.

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