The Large Cinemas Turn against Disney

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La política de la compañía de estrenar simultáneamente en salas y en su plataforma solivianta a las empresas de exhibición más potentes en España, que se niegan a proyectar sus películas

El pasado 5 de marzo Raya y el último dragón llegó a los cines españoles. La nueva apuesta de Disney por la animación se estrenó en 120 salas que la proyectaron en 152 pantallas. Era un lanzamiento pequeño, en comparación con los tiempos prepandemia. Le fue bien económicamente, con 257.000 euros recaudados y una media de 1.695 euros por pantalla en su primer fin de semana. Pero, curiosamente, Pequeños detalles, el thriller con Denzel Washington distribuido por Warner, que alcanzaba su segundo fin de semana en cines, se mantenía en más salas, 136, que el estreno de Disney, pensado para el público familiar. ¿Qué escondían esas cifras? Que las grandes cadenas españolas de exhibición están en guerra con Disney. Cinesa, Kinépolis, mk2, Yelmo y Ocine no estrenaron Raya y el último dragón, y han rechazado (excepto Yelmo y Ocine) la favorita a los Oscar, Nomadland, de Chloé Zhao, que el viernes llegó a las salas españolas. Según sus responsables, luchan por su supervivencia, por no ser “daños colaterales en la guerra actual entre plataformas”, como advierte Álvaro Postigo, director general de mk2.

Disney anunció este miércoles cuáles serían sus siguientes estrenos mundiales, y en qué canales. Cruella, protagonizada por Emma Stone, llegará el 28 de mayo de manera simultánea a salas y en Disney + a través del acceso Premium, como Raya y el último dragón. El mismo camino lo hará el 9 de julio Viuda negra, con Scarlett Johansson, la vuelta de Marvel Studios a la gran pantalla. En cuanto a Luca, el nuevo filme de Pixar, se verá exclusivamente en Disney + el 18 de junio. Era la puntilla, según varios exhibidores españoles. Y justo cuando aumenta el número de las salas abiertas en España: desde este viernes el 80% de los cines asociados en FECE (la patronal de los exhibidores, que agrupa a su vez al 80% del mercado) ya están a pleno funcionamiento.

En España había, según datos de abril de 2019, 3.593 pantallas pertenecientes a unos 500 complejos cinematográficos. Se han sentido abandonados, con matices, por las majors (los grandes estudios de Hollywood), y solo los distribuidores independientes han estrenado a su ritmo habitual. “Creo que España es el laboratorio en el que las grandes están experimentando”, reflexiona Postigo, que dirige el grupo filial del gigante francés, y que en España suma 125 pantallas en 10 complejos situados en cuatro comunidades autónomas. “Porque en el resto de Europa las salas están abriendo ahora o seguirán cerradas hasta después del verano. Esto es un pulso y hay cosas que no se pueden tolerar”.

Contra el gigante del cine

Enfrentarse a Disney no es fácil. En 2019, de los 600 millones que recaudaron los cines en España, un 35% pertenecía a ese gran estudio: más de 200 millones gracias a que a su factoría original han sumado Pixar, Marvel Studios, Lucasfilm (el universo Star Wars) y Fox, comprada en marzo de 2019. Siete de los títulos más taquilleros en 2019 eran de Disney. De esta política de adquisiciones nace Nomadland, que venía de Searchlight Pictures, la rama de cine independiente de Fox, y por ello puede que su lanzamiento haya sido distinto al del resto de los títulos del conglomerado Disney. Esta compañía ha declinado hacer declaraciones a EL PAÍS. Tampoco FECE, ya que no existe una política común entre los cines.

Parte de las negociaciones entre las majors y las cadenas de exhibición se realiza a nivel mundial, pero lo fundamental se desarrolla territorio a territorio (en el mundo del cine no hay países sino territorios, que a veces suman varios países). Por varias razones: cada país tiene una manera distinta de repartir el dinero que se recauda en cada entrada, y en cada uno la ventana de exhibición —el tiempo que pasa entre que una sala se estrena en cine y su lanzamiento en otros formatos o canales— es distinto. En España, antes de la pandemia, la ventana era de 112 días. El reparto de las ganancias depende de cada distribuidor y exhibidor, de cada título y de los días que lleve la película en cartel, pero, a grandes rasgos, los grandes estudios se llevan de un 35% hasta un 55% de cada entrada. Siempre han existido enfrentamientos entre los dos bandos: por ejemplo, ni El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, ni Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, ambas de Universal, se estrenaron en la cadena Cinesa.

Nomadland ha llegado a 263 pantallas porque se ha lanzado un día en que se han reabierto multitud de cines y porque Ocine y Yelmo sí la han estrenado. Un portavoz de la agencia de comunicación de esta compañía de cines, con 500 pantallas repartidas en 50 complejos, apunta: “Continuamos trabajando con las distintas distribuidoras para ofrecer los mejores títulos en sus salas, por lo que ahora mismo no tenemos ninguna confirmación sobre el posicionamiento respecto a Disney”. De Cinesa, 500 pantallas en 44 complejos antes de la pandemia, la respuesta tampoco es más larga: “Los detalles de nuestras conversaciones con nuestros socios de distribución son confidenciales. En el caso de Raya o Nomadland, no hemos podido llegar a un acuerdo. Esta situación es específica para estas películas”.

Agustín Llorente, director de Ventas y Marketing de Kinépolis en España, el tercer grupo más importante (ocho complejos con 137 pantallas), apunta por correo electrónico: “Creemos en la ventana de exhibición como fórmula probada y exitosa durante muchos años para todos los actores en la industria. Eso sí, dada la excepcionalidad de la situación, Kinépolis está abierta a estudiar fórmulas más flexibles. En esta nueva realidad, se están reduciendo sustancialmente los presupuestos de inversión en publicidad de los distribuidores para promocionar las películas y se está recortando o eliminando completamente la exclusividad de las ventanas. Estamos abiertos a estudiar modificaciones en el statu quo, pero pedimos a cambio una contraprestación justa y equilibrada. Y los estrenos simultáneos en plataformas están disparando las cifras de piratería, lo que compromete la viabilidad del negocio para toda la industria”.

Álvaro Postigo, de mk2, entra a desgranar todos los problemas: “Claro que hay que acortar la ventana de exhibición, pero no eliminarla. Es urgente montar una mesa sectorial tutelada por las Administraciones públicas, porque aunque los actuales 112 días no están legislados, nacen de un pacto tácito, tenemos que consensuar una política”. Esta semana Warner anunció un acuerdo con Cineworld, la segunda empresa de exhibición más grande del mundo, para mantener en 2022 una ventana de 45 días en EE UU (allí la cadena se llama Regal) y de 31 días en Reino Unido. “En España Warner también ha hecho su esfuerzo en ayudar a las salas y ofrecer estrenos”, dice Postigo, que subraya: “Una de las grandes mentiras actuales es que las plataformas estén democratizando el acceso al cine. No, solo accedes si eres socio de esa plataforma”. Y advierte sobre el futuro: “Esta huida de las majors de las salas nace de la guerra actual de las plataformas. Cuando estalle la burbuja y solo sobrevivan tres o cuatro, habrán matado a los cines, daños colaterales de este enfrentamiento”.

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