Education, Central Axis of the US Political Battle*

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La educación, eje central de la batalla política de EEUU

Animados por la victoria en Virginia, los republicanos planean convertir los “derechos parentales” en su base para las legislativas de 2022

Las restricciones por la pandemia y un politizado debate sobre la enseñanza del racismo y otras guerras culturales disparan el activismo conservador

“El camino para salvar la nación es muy simple: va a pasar por los consejos escolares”. La frase la pronunciaba en mayo en su podcast Steve Bannon, exasesor de Donald Trump y gurú de la extrema derecha. Medio año después, y especialmente tras la elección hace dos semanas del republicano Glenn Youngkin como gobernador de Virginia, la idea se ha convertido en el mantra del Partido Republicano, que ha encontrado en la educación el eje central sobre el que librar la batalla por el poder político en Estados Unidos.

Al día siguiente a la victoria de Youngkin corrieron los memorandos y promesas de líderes republicanos entre sus filas planteando la necesidad de volver la formación “el partido de los padres”, crear una ley federal de “derechos parentales” y hacer de la educación base central del plan para ganar las legislativas de 2022 y retomar el control del Congreso en Washington.

Pandemia y guerras culturales

En realidad, cuando hablan de educación los republicanos tocan un magma donde se unen y explotan varios elementos. Por una parte se ha hecho evidente la frustración que muchos padres acumularon mientras las escuelas públicas estuvieron cerradas durante la pandemia, a la que ha seguido la oposición de algunos a la obligación de las mascarillas. Por otra parte -y es algo que se puede anticipar que tomará un papel aún más central para el que los demócratas aún no tienen una estrategia definida-, se ha entrado en una nueva fase incendiaria de guerras culturales.

En el último año y medio, y especialmente después de que el asesinato a manos de la policía de George Floyd desatara replanteamientos sobre qué y cómo se enseña el racismo y la historia racial en EEUU, se ha ido politizando ferozmente el debate sobre esa enseñanza. Los republicanos han conseguido agrupar todo lo que consideran erróneo en la Teoría Crítica de la Raza, un complejo marco académico que da herramientas para examinar el racismo sistémico, aunque formalmente no se enseñe en primaria o secundaria.

Los republicanos han logrado también galvanizar la oposición de muchas madres y padres a cuestiones como reconocer los derechos de los transgénero en las escuelas, la inclusión en los currículos de iniciativas de “diversidad, igualdad e inclusión” o de “aprendizaje social-emocional”. Y todo lo engloban en la oposición a ideas como la cultura ‘woke’, de cancelación o de corrección política en la que identifican un “adoctrinamiento” de los menores por el que señalan a una izquierda “radical” y “marxista”.

El nuevo Tea Party

Aunque hay padres y madres que son votantes independientes que se alinean con las protestas, el peso lo están llevando conservadores. Y es ahí donde el Partido Republicano y laboratorios de ideas y los comités de acción política y donantes conservadores saben que tienen un fenomenal campo de cultivo. Porque las elecciones y la implicación en juntas escolares se ven como un gran campo de entrenamiento para el activismo, en el que a menudo se vuelcan más las mujeres y que se moviliza más allá de los asuntos locales.

En el último año han surgido más de 100 grupos con capítulos por todo el país como ‘Mamás por la libertad’, ‘No giro a la izquierda en educación’ o ‘Dejadles respirar’ (contra las mascarillas). Son organizaciones de activistas por la educación que desde Bannon hasta analistas políticos han comparado ya con las que nacieron en la llamada Mayoría Moral de los años 80 o, más recientemente, con el Tea Party.

Es un movimiento que está teniendo el altavoz del ecosistema mediático conservador y el respaldo de organizaciones conservadoras como la Fundación Heritage, el Manhattan Institute o el Centro para Renovar América (fundado por el exdirector de presupuesto de Trump), que han creado webinars y guías y publicaciones con manuales de herramientas para “padres preocupados” o “para combatir la teoría crítica de la raza en tu comunidad”.

Leyes y estrategia

En 16 estados controlados por republicanos ya se ha aprobado o se está estudiando legislación que va desde vetar la enseñanza de Teoría Crítica de la Raza a prohibir “adoctrinar” sobre raza o enseñar “estereotipos implícitos de raza o de género”, proteger los “derechos fundamentales de los padres”, imponer que “la política de educación y el currículo deben reflejar adecuadamente los valores de las familias” o que amenaza con dejar sin financiación a escuelas si incluyen en sus lecciones determinados conceptos sobre raza o racismo.

Los demócratas, así como expertos progresistas en educación, alertan de lo que está sucediendo en el fondo es un ataque a la educación pública para desviar fondos a escuelas privadas o religiosas. Muchos ven también algo más que silbatos de perro dirigidos a agitar tensiones raciales. Y aunque desde la Casa Blanca una de las portavoces de Biden denunció que los republicanos están “cínicamente tratando de usar a nuestros niños como un balón de fútbol político”, hay estrategas y activistas demócratas que advierten de que el partido debe preparar una estrategia de respuesta distinta a la que ha tenido hasta ahora, en la que se ha evitado entrar a disputar en detalle las acusaciones de padres, y de republicanos. “Fue un gran error, y lo será en 2022 también”, avisaba en ‘The New York Times’ Katie Paris, que dirige un grupo que busca movilizar mujeres votantes.

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