Shades of the Latin American-US Relationship

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Tonalidades en la relación América Latina-EU

Está en lo posible que la X Cumbre de las Américas, dentro de tres o cuatro años, se celebre sin un Biden o un liberal en la Presidencia estadounidense

LOS ÁNGELES, California. ¿Cuántos de los discursos que se pronunciaron el jueves y viernes de la semana pasada en Los Ángeles, en la IX Cumbre de las Américas, tuvieron públicos domésticos como verdaderas audiencias por encima de pronunciamientos de política exterior?

Y una segunda pregunta: ¿habrían sido posibles si en vez de Joe Biden, un político a favor de la necesidad del diálogo y el debate para resolver problemas de forma democrática hubiera estado Donald Trump o alguno de sus seguidores?

Ciertamente las condiciones de la cumbre hubieran sido distintas. Y quién sabe si los países latinoamericanos y del Caribe hubieran tenido los márgenes de disensión en que se movieron esta vez.

Porque la verdad sea dicha, está en lo posible que la X Cumbre de las Américas, dentro de tres o cuatro años, se celebre sin un Biden o un liberal en la Presidencia estadounidense, pero sí con un conservador o derechista en la Casa Blanca.

Algunos en EU creen que Biden es un presidente débil, con buenas intenciones, pero al que es posible desafiar impunemente, tanto en política interna como externa. Y al menos eso parecería así, de considerarse la aparentemente calmada respuesta a senadores demócratas que lo abandonaron en la votación sobre su paquete económico, o la tranquilidad con que se sentó a escuchar los señalamientos de algunos de sus invitados en la plenaria de la Cumbre.

O la negociadora formulación que lo llevó a invitar a la Casa Blanca a interlocutores al parecer renuentes, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro –quien está en campaña de reelección– o el mandatario argentino Alberto Fernández –que buscará reelegirse el próximo año–, que aceptaron asistir a cambio de respectivas visitas a Washington y foto con Biden.

El presidente Andrés Manuel López Obrador no está para reelección, pero sin duda, encontrará ventajoso demostrar que tiene una muy positiva relación con su contraparte estadounidense, luego de todas las especulaciones sobre el impacto de su retórica y su actitud en la relación con el principal socio comercial de México.

La ventana de oportunidad es breve. La diferencia está en la relación con un Trump, o un trumpista, con tendencias autoritarias que con un Biden o un demócrata que busque obtener los mismos resultados a través de dialogar y convencer.

Ciertamente, como dijo el canciller Marcelo Ebrard, un precandidato presidencial, él mismo, las condiciones mundiales han cambiado y la situación geopolítica no es la misma que hace tres o cuatro años, en los tiempos prepandemia, de la guerra en Ucrania y la crisis alimentaria, energética y de las redes de suministro combinadas con problemas económicos reflejados en una alta inflación.

Pero la forma de abordarlas puede cambiar brutalmente de un gobierno estadounidense a otro, de uno que cree en la diplomacia a otro empeñado en demostrar que su país puede imponer condiciones.

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