9/11 Is Not Forgotten

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El 11 de septiembre de 2001 es uno de esos días inolvidables, tanto por lo que ocurrió como por sus consecuencias.

Casi tres mil personas murieron cuando en la mañana de ese día, tres de cuatro aviones de pasajeros secuestrados coordinadamente por extremistas musulmanes árabes fueron lanzados contra los edificios de las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington. El aparato restante cayó en Pensilvania, cuando los pasajeros se lanzaron contra los secuestradores al enterarse de los otros actos terroristas.

Entre los muertos en Nueva York hubo cientos de personas con nacionalidades diferentes, incluso tantos como 16 mexicanos, oficialmente, aunque siempre quedó la sospecha de que pudo haber más.

El ataque como tal fue atribuido al grupo extremista islámico Al-Qaeda, que los siguientes años fue para los estadounidenses un símil para terrorismo y junto con grupos paralelos, como el Estado Islámico (ISIS), el objetivo central de una intervención militar estadounidense en Afganistán e Irak.

Esa aventura militar se convirtió en la guerra más prolongada de la historia estadounidense, pero sus consecuencias no quedaron ahí.

Por un lado, pusieron un literal fin a lo que parecía una nueva era en la relación entre Estados Unidos y México: apenas dos días antes el presidente mexicano Vicente Fox había sido festejado de una forma casi inédita en la Casa Blanca por el presidente George W. Bush.

“Hasta ese día, México era uno de los tres países prioritarios para Estados Unidos”, relató Jorge Castañeda, primer secretario de Relaciones Exteriores de Fox.

El debate público sobre la actitud a tomar, pese a la muerte de mexicanos, retrasó la reacción del gobierno de Fox y aunque lejos de haber sido el factor principal, sí influyó en actitudes estadounidenses posteriores. “Todo lo que queríamos era un abrazo”, comentó años después el entonces embajador Jeffrey Davidow.

Entre las consecuencias estuvo la cancelación de posibilidades de una reforma migratoria, que aun cuando no hubiera llegado a ser la “enchilada completa” que en su momento pareció posible, habría podido ocurrir de manera más limitada.

A la fecha, las secuelas del 11 de septiembre de 2001 pueden verse en la política estadounidense, sea doméstica o externa.

“Los ataques pusieron fin a la “década de la fantasía”, el periodo de entreguerras entre el final de la Guerra Fría en 1991 y el comienzo de la guerra contra el terrorismo en 2001″, comentó el politólogo estadounidense Bill Schneider.

“Fue una década en la que reinó la prosperidad y el resto del mundo parecía lejano. Al igual que en un período anterior de entreguerras: la década de 1920, cuando los estadounidenses “regresaron a la normalidad” después de la Primera Guerra Mundial. A Estados Unidos no le molestó el aumento del extremismo en Europa y Japón. Cuando los estadounidenses no se sienten amenazados, caen en la complacencia”, precisó.

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