The New Chessboard for Maritime Geopolitics

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El nuevo tablero de la geopolítica naval

La historia regresa. Luego de tres décadas de relativa estabilidad en los océanos globales, la creciente competencia estratégica entre grandes potencias presenta un desafío a la débil gobernanza marítima. En los últimos años los mares se han agitado.

Solamente durante este año se han desarrollado situación de extrema tensión en el Mar Negro, en el Mar de Sur de China y la Península de Taiwan, lo que se suma a las recurrentes amenazas iraníes de bloquear el estrecho de Ormuz, punto de estrangulamiento clave para la economía global, y la emergencia de la piratería en el Golfo de Guinea, localizado en la cara africana del Atlántico Sur.

La dimensión marítima de esta competencia de grandes poderes mundiales está caracterizada por la aspiración de la Casa Blanca para sostener los pilares de su supremacía marítima sostenida en su despliegue global y su (cada vez menor) ventaja tecnológica frente a China, mientras que los competidores euroasiáticos tratan de excluir a los Estados Unidos y construir sus propias zonas de influencia ya sea de manera unilateral como el caso de la intervención militar rusa en Ucrania o las presiones chinas en torno a Taiwan, desplegando incitativas multilaterales como la Organización para la Cooperación de Shanghái o proyectando a nivel global la narrativa de un mundo multilateral en el marco de los BRICS.

Uno de los grandes interrogantes del orden global de los próximos años se refiere a la relación entre Rusia y China. Si bien la mayoría de los expertos descartan la conformación de una alianza militar clásica, es innegable que el acercamiento entre Xi Jinping y Vladimir Putin en los últimos años ha permitido avanzar en la construcción de una gran asociación euroasiática con una amplia agenda desde una visión común favorable a un mundo multipolar a la realización de ejercicios navales conjuntos en el Pacífico, además de incluir a Irán en ejercicios navales en el Océano Índico.

Si bien las grandes potencias euroasiáticas han construido una progresiva convergencia estratégica luego de la anexión rusa de la península de Crimea en 2014, todavía quedan elementos de desconfianza entre sí. Como afirma Simon Saradzhyan, Director del Proyecto Russia Matters de la Harvard Kennedy School, China y Rusia duermen en la misma cama pero tienen sueños diferentes.

Por otro lado, es importante subrayar la creciente importancia de la India en el espacio del Indo-Pacífico. Nueva Delhi se ha convertido en un socio clave del esquema multilateral de Washington tanto por la profundización de sus vínculos estratégicos como su participación en el foro de diálogo de seguridad cuadrilateral junto a Australia, Japón y los Estados Unidos.

De todos modos, la India rechaza la postura más dura de la Casa Blanca luego de la conformación de la alianza militar junto al Reino Unido y Australia, anunciada inicialmente en 2021 para proveer en el mediano plazo de submarinos nucleares de ataque a Canberra. India mantiene una neutralidad activa con un acercamiento progresivo a los Estados Unidos, aunque ha sostenido sus lazos históricos con Rusia – su principal proveedor de armamento – y se ha incorporado a la Organización para la Cooperación de Shanghái junto con Pakistán.

Detrás de la competencia naval entre las grandes potencias del siglo XXI se encuentra la discusión sobre como organizar un mundo en el cual la arquitectura de normas y reglas de mitad del siglo pasado se está debilitando, mientras que el aspecto militar vuelve a tener un lugar que parecía olvidado luego de la caída del Muro de Berlín. Nuestra región y especialmente el Atlántico Sur no van a ser ajenos a esta nueva dinámica global.

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