Trump and Biden: Yes, But…

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Trump y Biden: sí, pero…

Una encuesta de The Wall Street Journal, en Nueva Hampshire, consignó que 19 por ciento de los republicanos y un 66 por ciento de los independientes dijeron que no votarían por el regreso de Trump a la Presidencia

Primero lo obvio: Donald Trump ganó la elección primaria republicana del estado de Nueva Hampshire y lo hizo con comodidad, 55 a 43 por ciento de su rival, Nikki Haley.

El presidente Joe Biden ganó en el lado demócrata. Algo tanto más fácil porque literalmente no tiene rival interno.

Pero también es cierto que ambos triunfos eran esperados, que una nueva edición de las elecciones de 2020 está en desarrollo, que los candidatos están definidos ya y que la mayoría de los estadounidenses hubiera querido que ambos fueran otros.

Luego lo menos evidente: analistas de izquierda a derecha subrayaron que para ser un candidato tan dominante, el triunfo de Trump no fue aplastante. De hecho, puede asegurarse que le queda bastante trabajo por hacer para convencer a casi la mitad de los republicanos de que deben ayudarlo a regresar a la Casa Blanca.

Como otros populistas, Trump tiene un problema de retórica: sus discursos conmueven y movilizan a sus simpatizantes; chocan y aún irritan a quienes no lo son.

Una encuesta de The Wall Street Journal, en Nueva Hampshire, consignó que 19 por ciento de los republicanos y un 66 por ciento de los independientes dijeron que no votarían por el regreso de Trump a la Presidencia.

Y la verdad de Perogrullo: Trump no puede ganar las elecciones de noviembre sin el respaldo casi absoluto de los republicanos y de la mayoría de los independientes.

Pero mantener el apoyo de sus seguidores, especialmente en la derecha cristiana y grupos ultranacionalistas, lo lleva a tener también un agresivo nivel de retórica, de insultos y humillaciones a sus rivales. Pero eso aleja a los otros.

Las elecciones, sobre todo cuando hay un presidente en busca de la reelección, son un referendo sobre la actuación del hombre en el poder. En el caso actual, Trump ya perdió su propio referendo en 2020, aunque no lo haya aceptado, así que resulta válido considerar que se trata de una nueva consulta sobre su carácter y su trabajo.

Los problemas de Trump tienen una resonancia para Biden y los demócratas, ante las dificultades del mandatario para mantener unificado a su de por sí fracturado partido y retener la lealtad de grupos que se sienten traicionados o molestos ante promesas no cumplidas.

Pero tiene una ventaja: el foco de atención es Trump y la preocupación que despierta, ante declaradas intenciones de autoritarismo y promesas de venganza.

Los demócratas llevan meses preocupados por el desgaste de la coalición de Biden, debido en gran parte al escaso entusiasmo que despierta entre los votantes jóvenes y de minorías. Pero las primeras señales son que los republicanos también tendrán problemas para mantener unida su coalición de votantes.

El propio Trump señaló el martes, al presumir su victoria, que la permanencia de la ex gobernadora y ex embajadora Haley en la competencia sólo llevaría a desviar atención y recursos que serían mejor usados contra los demócratas.

Pero Haley parece determinada a seguir adelante.

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