The Influence of Roy Cohn

 

 

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Le enseñó a Trump cómo explotar el poder e infundir miedo mediante una fórmula simple: atacar, contraatacar y nunca disculparse

Nunca rendirse. Siempre contraatacar y contrademandar.

Jamás admitir la derrota y cantar victoria, sin importar que tan mala sea la situación.

Si alguien lo quiere así, esos principios pueden ser definidos como un mantra político o como una práctica de leguleyos.

O ambos.

El hecho es que esos son los principios que gobiernan la actitud del expresidente Donald Trump, y no de ahora, sino desde que llegó en 1973 a la isla de Manhattan, desde el vecino barrio neoyorquino de Queens, y contrató a Roy Cohn como su abogado.

“Aparte de su padre, la influencia más importante sobre el futuro presidente fue Roy Cohn”, escribió Maggie Haberman del New York Times en su biografía de Trump, Confidence Man.

En español Confidence Man quiere decir timador, y las enseñanzas de Cohn se adaptan bien: esos fueron los principios con que participó como abogado del senador Joe McCarthy en la famosa “cacería de brujas” anticomunista que le dio su nombre al “macartismo”, una forma de persecución ideológica (en ese caso anticomunista) sin el debido respeto a un proceso legal justo.

El juego de McCarthy y Cohn fue tan intenso y tan brutal que solo se detuvo cuando un abogado del Ejército estadounidense les preguntó públicamente si acaso tenían algún sentido de la decencia. La pregunta fue dura, pero más lo que había detrás: el enojo creciente ante una política de persecución.

Cuando McCarthy se vio obligado a terminar sus audiencias en 1954, Cohn se mudó a Nueva York. A Manhattan, donde entre otras cosas, se hizo consejero legal de la “familia” Gambino, de la Mafia italiana, que encabezada por Anthny Salerno y Paul Castellano tenía control por lo menos parcial de los sindicatos de la industria de la construcción. Un contacto perfecto para un empresario de bienes raíces y en 1973, inició una relación laboral con Donald Trump.

Cohn puede ser definido como un abogado combativo, uno para el que cada caso era personal y para quien se trataba de ganar por cualquier medio. Y como para Trump, no hay espacio de negociación, las cosas son “conmigo o contra mí”.

Y la influencia de Cohn, muerto en 1988, se deja ver en la forma en que Trump trata de restar legitimidad a los casos en su contra y de paso sus intentos de intimidar a los jueces y fiscales a cargo de ellos mediante ataques a sus familias.

Cohn fue el mentor de Trump y su influencia es visible en los más de cuatro mil juicios en que las empresas del ex y quizá futuro presidente se vieron involucradas entre 1975 y 2016, en los trucos que aplicó para desalentar testigos, para forzar arreglos y asegurarse victorias.

Cohn también le enseñó cómo explotar el poder e infundir miedo mediante una fórmula simple: atacar, contraatacar y nunca disculparse.

Son principios de la Mafia. Y ahora, gracias a Cohn, parte de la estrategia político-electoral de Trump.

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