Donald Trump ya no oculta que prefiere a Putin
Una alianza histórica está en su hora crepuscular. El presidente norteamericano le avisa a Europa que ya no será la principal aliada política, económica y militar de Estados Unidos.
Donald Trump empezó a rediseñar la geopolítica de la potencia americana con una visión más cercana a Vladimir Putin que a la Unión Europea (UE). Y se lo comunicó a Bruselas de mal modo. También se lo dice de la peor manera a Volodimir Zelenski. De manera insólita, el jefe de la Casa Blanca descalifica al presidente de Ucrania describiéndolo como un líder sin respaldo popular y acusándolo de haber iniciado la guerra con Rusia.
Si no hubiera metido el mundo de un empujón en la dimensión del absurdo, las acciones de Trump rompiendo la histórica alianza de las potencias noroccidentales, serían consideradas una traición al “mundo libre”. La invasión a Ucrania dejó en claro que no sólo la URSS era una amenaza a la democracia occidental. También lo es la Rusia autoritaria y expansionista de Putin.
Por cierto fue un error geoestratégico grave no haberse acercado más a la URSS de Mijail Gorbachov y a la Rusia de Boris Yeltsin. Pero lo que debió hacerse y no se hizo con aquellos líderes, no puede hacerse ahora con un autócrata que asesina a opositores y críticos, mientras ataca a países vecinos como Georgia y genera una guerra criminal al invadir Ucrania.
Trump le concede a Rusia el derecho a imperar y decidir en el mundo eslavo. La Norteamérica que en 1999 atacó y derribó a Slobodán Milósevic para defender a los albaneses de la limpieza étnica en Kosovo, después de haber atacado y vencido cuatro años antes a las milicias serbo-bosnias de Radován Karadzic y Ratko Mladic en defensa de los musulmanes que estaban siendo echados de Bosnia Herzegovina, ahora considera que sobre el mundo eslavo la que manda es Rusia.
Con la misma visión geopolítica, el régimen ruso le reconoce a Washington derecho a imperar desde el istmo centroamericano hasta el ártico canadiense, incluyendo a Groenlandia.
Si extienden esa concepción a China, además de quedar desguarnecidos los uigures de Xinjiang, se sentirán abandonados Taiwán, Corea del Sur, Filipinas, Malasia y Japón.
El ultranacionalista Narendra Modi y el ala extremista del partido Bharatiya Janata tienen la misma pretensión en el área que lo circunda a India, inquietando a Pakistán, Bangladesh, Nepal, Bután, Myanmar y Sri Lanka.
Trump comenzó la negociación con Rusia concediéndole territorio ocupado y cerrando la puerta de la OTAN a Kiev. Lo dijo él mismo al anunciar su “acuerdo para iniciar negociaciones” con el líder ruso. El Kremlin aceptará algunas retiradas a cambio de la devolución de la región rusa de Kursk. Seguramente, Putin deberá renunciar al objetivo que tenía al lanzar la invasión, que era ocupar toda Ucrania para anexarla totalmente o para anexar la mitad oriental y poner un gobierno títere en Kiev que convierta al oeste ucraniano en un estado satélite de Moscú. En rigor, a ese objetivo renunció al comienzo de la invasión, cuando las defensas ucranianas repelieron el avance ruso sobre Kiev. Lo seguro es que, al concluir la negociación de Trump, el mapa de Rusia habrá crecido y el de Ucrania se habrá reducido.
Europa recuerda que cuando los gobernantes británico y francés Chamberlain y Daladier negociaron con Hitler en 1938, al firmar el Pacto de Münich entregando territorio checo hicieron vencedor al “führer”, lo que lo alentó a continuar con sus guerras expansionistas.
Moldavia será para el Kremlin lo que fue Polonia para los nazis: el siguiente territorio a invadir. El rol que jugaron los ucranianos rusófonos y prorusos del Donbas lo jugarán los moldavos rusófonos y prorusos del Transdniester.
A continuación, podría atacar desde Kaliningrado a los países bálticos, a los que les servirá de poco pertenecer a una OTAN sin Estados Unidos, o con un Estados Unidos en manos del mayor aliado occidental de Putin.
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