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My Name Is Trump and I Say What I Want

Societies condone behaviors in some of their leaders that in other leaders would be condemned.

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El mismo día en el que Donald Trump habló de “países de mierda”, en referencia a un grupo de naciones que, es evidente, no le agradan, el diario británico The Independent publicó el resultado de un estudio del discurso del estadista americano que revela que Trump tiene el nivel de lenguaje y comprensión de un chico de ocho años, el más bajo de los últimos 15 presidentes de Estados Unidos. Más allá de la anécdota, la pregunta es: ¿qué hubiese sucedido si otro presidente en lugar de Trump, Obama por ejemplo, hubiese tenido un episodio de similar diarrea verbal. Lo hubiesen linchado, o hubiese pagado un altísimo costo político por su guarrada. Si bien Trump fue repudiado, el tipo se declaró a sí mismo un genio y la nave va. Las sociedades perdonan conductas en algunos de sus dirigentes, que en otros dirigentes condena. Misterio para sociólogos. Tampoco es necesario viajar a Estados Unidos para comprobar esa extraña hipocresía social. A menudo basta con echar un vistazo por nuestros alrededores.

…Y también hago lo que quiero

Las revelaciones del libro “Fire and Fury”, de Michael Wolff, sobre las andanzas de Trump, más las andanzas propias de Trump, ponen en peligro el triunfo republicano en las elecciones de medio término a celebrarse en noviembre de este año. Falta mucho. Cuatro periodistas de The New York Times, revelaron que, según las recientes maniobras y ejercicios, el poder militar de Estados Unidos se prepara en silencio para un último recurso: la guerra con Corea del Norte. Sin decirlo, la prensa estadounidense aventura si, para evitar una derrota electoral, Trump desatará un conflicto bélico que galvanice a la sociedad en su favor. El tipo es capaz. ¿Será capaz?







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