Comparing Donald Trump to Henry John Temple, 3rd Viscount Palmerston, Great Britain’s prime minister between 1859 and 1865 and the greatest example of Victorian imperialism, can be an interesting political tightrope walk from a historical point of view and more so to psychiatrists than to the general public. But such is the similarity found by Matthias Matthijs, a professor of political economy at the School of Advanced International Relations at Johns Hopkins University.
"Trump definitely following Lord Palmerston's dictum, ‘America First’ implies that the US no longer has permanent friends, only permanent interests," Matthijs tweeted when they ask him about Washington's position on the European Union and Great Britain after Brexit. This is something that Brexit supporters have only clearly understood this week. The promised free trade agreement that the U.S. and the U.K. were going to sign almost automatically following the U.K.’s exit from the EU has fallen through. But Trump's statements shouldn't surprise anyone. Last week, during a visit to Washington, David Davis, former Brexit secretary and supporter of the "hard" exit, made it clear that, with the current exit agreement, it is impossible to sign a free trade agreement with the United States.
Therefore, Trump only articulated what everybody already knew. The only difference is that he is the U.S. president, and so his words have a greater impact.
But Trump is like Palmerston only up to a certain degree. The president may say that the U.S. doesn't have or need any friends. However, he, as a person, does personalize relations with other leaders. And this is a different matter. Every relationship Trump has with anyone inside or outside the U.S. who doesn’t agree to everything he wants tends to end badly. No head of government can do that, and even less so in a democracy. This explains not only why the relationship between Trump and Emmanuel Macron has deteriorated so much since their 2017 honeymoon, but also the fact that the rapport with Theresa May is now much worse than it was when Trump got to the White House 22 months ago.
And that is something which may render Great Britain irrelevant. The only thing that May can offer the U.S. are air and naval bases, highlighted by Gibraltar. Washington, facing a Conservative government in London, already takes this for granted. Even the Labour Party led by Jeremy Corbyn would be resistant to play the air and naval base card since that's the only thing the U.K has left that could make the U.S. acknowledge the U.K.’s strategic importance.
The other big difference is the fact that Palmerston had a strategy. Trump doesn't. In addition, there is the Democrats' election triumph in the House of Representatives, which further complicates Trump’s political position regarding Europe. For Trump, the EU is a German invention intended to keep its currency artificially low – the euro is cheaper than the German mark would currently be – and export more. And at the same time, Trump thinks of the EU as a straitjacket on American industry with its gas emission policy aimed at stopping climate change.
But now, with the Democrats in control of the House, Trump is going to have a harder time maintaining his approach, which Matthijs defines as "mercantile." "Democrats are more likely to maintain alliances with other countries than Republicans," explained Tyson Barker, a program director at the Aspen Institute in Germany. This means that the president's indifference – if not open hostility – toward NATO is going to meet resistance in Washington. In short, Trump will continue to echo Palmerston's rhetoric, ignoring Europe and increasingly doing the same to Great Britain. But Trump’s lack of any strategy is compounded by the turmoil from an increasingly divided Europe and the opposition’s return to power in Washington after two years.
Donald Trump, el heredero de Lord Palmerston
Comparar a Donald Trump con Henry John Temple, Tercer Vizconde de Palmerston, primer ministro de Gran Bretaña entre 1859 y 1865 y máximo exponente del imperialismo victoriano puede ser un ejercicio de funambulismo histórico y político de interés, más que para el público general, para los profesionales de la Psiquiatría. Pero esa equivalencia es la que traza Matthias Matthijs, profesor de Economía Política de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Johns Hopkins.
"Bajo su lema 'Estados Unidos primero', está claro que Trump sigue el dictado de Palmerston de que Gran Bretaña 'no tiene amigos permanentes, solo intereses permanentes'", explica Matthijs cuando se le pregunta acerca de la actitud de Washington hacia la Unión Europea y Gran Bretaña tras el Brexit. Es algo que los defensores del Brexit han comprendido claramente esta semana. El prometido tratado de libre comercio que Estados Unidos y el Reino Unido iban a firmar casi automáticamente tras la ruptura por Londres de la Unión Europea se ha ido a garete. Pero las declaraciones de Trump no deberían ser una sorpresa. La semana pasada, en una visita a Washington, el ex secretario del Brexit, y defensor de una salida de la UE 'dura', David Davis, ya dejó claro que, con el acuerdo de ruptura vigente, es imposible alcanzar el acuerdo de libre comercio.
Trump, así pues, tan solo ha verbalizado lo que todos sabían. La única diferencia es que él es el presidente de Estados Unidos y, como tal, sus palabras tienen más peso.
Pero Trump solo es Palmerston hasta un cierto punto. El presidente podrá decir que Estados Unidos no tienen, ni necesita, amigos. Sin embargo, él, como persona, sí personaliza las relaciones con otros líderes. Y ahí entramos en otro terreno. Las relaciones de Trump tienden a ser malas con cualquiera, dentro o fuera de Estados Unidos, que no le diga "sí" a todo. Ningún jefe de Gobierno puede hacer eso. Y menos en una democracia. Eso explica no solo que la relación de Trump con Emmanuel Macron se haya deteriorado espectacularmente tras su sonada luna de miel de 2017, sino, también, que sus vínculos con Theresa May sean ahora mucho peores que cuando llegó a la Casa Blanca hace 22 meses.
Eso amenaza con condenar a Gran Bretaña a la irrelevancia. Lo único que puede ofrecer May a Estados Unidos son bases aéreas y navales, lo que incluye, de forma muy destacada, Gibraltar. Es algo que Washington da ahora mismo, con un Gobierno conservador en Londres, por garantizado. Incluso un laborismo de izquierdas como el que defiende Jeremy Corbyn sería renuente a jugar la baza de las bases porque, precisamente, eso es lo único que le queda al Reino Unido para que Estados Unidos admita su importancia estratégica.
La otra gran cuestión es que Palmerston tenía una estrategia. Y Trump, no. Encima, el triunfo de los demócratas en la Cámara de Representantes complica su postura política en relación a Europa. Para Trump, la UE es un invento de Alemania para mantener una moneda artificialmente baja -el euro es más barato de lo que hubiera sido el marco alemán- y exportar más. Y, de paso, imponer una 'camisa de fuerza' a la industria estadounidense con el control de las emisiones de gases que provocan el cambio climático.
Ahora, con el control de la Cámara por los demócratas, ese enfoque, que Matthijs califica de "mercantilista" se va a complicar. "Los demócratas son mucho más propensos a mantener alianzas con terceros países de lo que lo son los republicanos", explica Tyson Baker, director de Programas del Aspen Institute en Alemania. Eso significa que la indiferencia -cuando no abierta hostilidad- del presidente hacia la OTAN va a encontrar resistencia en Washington. En resumidas cuentas, Trump seguirá la retórica de Palmerston: ignorar a Europa y, de forma creciente, a Gran Bretaña. Pero, a su falta de estrategia, se sumará la confusión creada por una Europa más dividida y por un Washington en el que la oposición controla, por primera vez en dos años, parte del poder.
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[T]his blacklist has long since superseded its original military-related purpose and is now Washington’s means of tracking and suppressing China’s top enterprises.